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Papá, no puedo hablar mucho contigo. Ahí viene esa gente”. Esas fueron las últimas palabras que Prisciliano Trejo Ricano le dijo a su padre el 13 de julio de 2026 desde la cárcel migratoria Stewart Detention Center, en Georgia. Su voz ya no era la misma: tosía sangre y apenas podía hablar, según contó a La Noticia su padre, quien también se llama Prisciliano. 

Creyó que, por fin, su hijo recibiría atención médica, pero dos días después lo vio conectado a equipo médico y en coma. El 24 de julio falleció, dejando a su familia en duelo y con preguntas sobre lo ocurrido durante los días en que, aseguran, pidió ayuda sin obtener una respuesta a tiempo.

Fue a ver el partido y terminó en cárcel migratoria

El 19 de junio, Prisciliano Trejo Ricano salió a disfrutar del partido de México contra Corea del Sur del Mundial 2026 en el restaurante Mezcalito, en Durham.

Ese día le llamó uno de sus amigos y lo invitó a ver el partido, comer y pasar un rato juntos. Se fueron y quizá se pasó la copa o no sé, el chiste es que cuando nos llamó a las 3:30 a.m. lo tenía el sheriff (Oficina del Alguacil de Durham). Estuvo una semana allí y el día que iba a salir, que lo iban a soltar, inmigración vino y se lo llevó para Georgia”, contó Prisciliano a La Noticia.

Según los registros publicados por el sitio BustedNewspaper, Prisciliano fue arrestado por cuatro cargos: 

  • Conducir bajo los efectos del alcohol.
  • Conducir en sentido contrario en una vía de un solo sentido.
  • Abandonar el lugar de un accidente con daños a la propiedad 
  • Y conducir sin licencia. 

Durante una semana permaneció bajo custodia local y se le otorgó una fianza por $6,000 que su familia pagó esperando que fuera liberado. Pero el día en que iba a salir, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) lo trasladaron al Stewart Detention Center, en Georgia.

“Tenía esperanza de que le dieran medicina a mi hijo”

Durante sus días en el centro de detención, las llamadas diarias entre Prisciliano y sus padres mantuvieron a la familia tranquila. Cuentan que estaba bien de salud e insistía en defender su caso. Incluso su padre recordó que el 8 de julio, una representante del consulado de México en Atlanta lo visitó y les comentó que lo había visto en buenas condiciones. Pero esa tranquilidad duró poco.

A él le empezaron los síntomas el día 6 de julio. Para el día 9 y 10 de julio hablamos con él y ya estaba tosiendo sangre. El día 11 y 12 también, el día 13 nos llamó de 9:05 a 9:10 de la mañana y me dijo: 'Papá, no puedo hablar mucho contigo. Ahí viene esa gente'. No sé si era por su seguridad. No me dijo, solo que lo iban a checar en la clínica. Pero ya estaba grave, su voz era diferente, ya no era igual. Yo pensé que sí lo iban a llevar a la clínica, que lo iban a revisar. Tenía esperanza de que le dieran medicina a mi hijo”, contó.

Esa fue la última vez que conversó con su hijo. Al día siguiente el teléfono no volvió a sonar. Las horas se hicieron eternas y la familia Trejo Ricano imaginó que seguía siendo atendido dentro del centro. El silencio terminó el 15 de julio con una llamada del abogado.

El abogado de él para darnos la mala noticia. Le dice a mi otro hijo: ‘Tu hermano está en el hospital, está en coma, no responde, no habla’. Fue un golpe muy feo”, añadió.

La familia busca respuestas

Ese mismo día sus padres y hermanos emprendieron un viaje de casi cinco horas desde Carolina del Norte a Georgia. Al llegar al hospital, su padre cuenta que no pudieron verlo de inmediato porque seguía bajo custodia de ICE. Después de varias horas de espera y tras gestiones de sus abogados, finalmente les permitieron entrar.

Cuando entramos al cuarto, vimos a mi hijo con tubos en la boca. Mangueras en todos lados. No se movía y debajo del brazo derecho estaba morado, como si lo hubieran agarrado para hacerle algo a lo que se resistió”, recordó el padre de familia.

Los médicos diagnosticaron a Prisciliano con leucemia aguda, un tipo de cáncer que afecta la sangre y la médula ósea. Permaneció hospitalizado mientras su familia esperaba una mejoría que nunca llegó. Durante esos días, su familia permaneció con él. Pero la mañana del 24 de julio falleció a sus 29 años.

Yo pienso y estoy seguro de que ellos van a dilatar hablar de lo que pasó. El silencio que mantuvieron sobre lo que hicieron o las razones de por qué su estado de salud falló, porque la enfermedad que tenía mi hijo tenía solución y tratamientos. He hablado con personas que me dicen que eso es fatal cuando tiene uno, dos o tres años, pero no es algo que mata en cuestión de días”, expresó Prisciliano. Añadió que antes de ser detenido, su hijo gozaba de buena salud y no había mostrado síntomas de alguna enfermedad.

La familia quiere que se haga una investigación sobre el caso, ya que aseguran que su hijo pidió ayuda médica en el centro de detención, pero se le fue negada

“Por la discriminación le quitaron la vida”

Ahora, además de enfrentar el dolor por su pérdida, sus familiares buscan reunir fondos para cubrir los gastos funerarios y repatriar su cuerpo a Puebla, México, el lugar donde nació antes de emigrar a Carolina del Norte cuando tenía apenas tres años. 

Yo ya no sé qué hacer. Yo siento que a mí ya no me importa nada. Estoy vacío. Prácticamente, él era un niño que dejó su pueblo, llegó aquí, creció, aprendió todo, a hablar inglés y español. Pensaba que este gobierno era su gobierno. Pero por la persecución, por la discriminación, le quitaron la vida. Todo esto me parte el alma”, contó.

Su familia lo recuerda como un joven alegre, con muchos amigos e inteligente. “Él estudió computación y se graduó hace como cinco o seis años, pero como no había mucho trabajo en eso, buscó un trabajo de soldadura. Estaba muy joven”, dijo su papá.

A través de una campaña en GoFundMe, la familia de Prisciliano pide apoyo para cubrir gastos funerarios y trasladar su cuerpo a México. Para apoyar esta causa, visita el siguiente enlace

La Noticia consultó a las autoridades migratorias sobre este caso, solicitando información sobre las circunstancias del fallecimientode Prisciliano y la atención médica que recibió mientras estuvo bajo custodia. Hasta el cierre de esta publicación, no recibimos una respuesta.

Periodista de profesión, ávida lectora por vocación. Tiene un máster en Ciencias Criminológicas de la Universidad del Zulia, Venezuela. Le apasiona conocer nuevas realidades y contarlas.