Después de 24 años separados, Rogelio Mayo logró reunirse con su hermana mayor, Teodosa. Ambos comparten el duro recuerdo de quedar en orfandad siendo aún muy jóvenes y el de un abrazo que quedó en pausa por la migración. Sin embargo, a horas del Día de las Madres, se reencontraron este 9 de mayo en Charlotte, Carolina del Norte.
“Tengo todo lo que tengo porque ella me ayudó”
La celebración de los 15 años de Teodosa, en México, fue la última fiesta que los hermanos compartieron con su madre, quien falleció poco después. Su padre había sido asesinado años antes. Cuando los seis hermanos quedaron en orfandad, Rogelio tenía solo 8 años y a Teodosa le tocó asumir el papel de adulta muy joven.
Esto ocurrió en Copala, Guerrero, en los años ochenta. Rogelio recuerda estar bajo la custodia de su abuela paterna, pero salir a las calles para ganarse el pan de cada día.
“Yo prácticamente era un hijo de la calle. Salía a trabajar para que me dieran de comer y llevaba a mi casa maíz, calabaza, guamas, armadillos para que comieran mis hermanas y primas. Mi hermana (Teodosa), que vivía en el DF, ya trabajaba e iba al pueblo con otra hermana y llevaban dinerito para ayudarnos”, contó.
Poco después, Rogelio dice que fue acusado injustamente de robar unos perfumes. Aunque la verdad salió a la luz años después, la situación lo obligó a trasladarse a la Ciudad de México para vivir con su hermana. Allí, bajo la tutela de Teodosa y su esposo, aprendió karate y se mantuvo alejado de las calles que habían marcado su infancia.
“Llevar a todos los hermanos a vivir con ella era un poco incómodo, lo entiendo y por eso estoy agradecido con ella. Tengo todo lo que tengo porque ella me ayudó y, mientras esté vivo, se lo voy a agradecer”, añadió.
“Me despedí pensando que no la iba a volver a ver”
Luego de seis años, cuando Rogelio volvió a Copala y vio que todos sus amigos se habían unido al ejército mexicano, se enlistó en Guadalajara. Aunque alcanzó el rango de sargento primero, su vida dio un giro inesperado con la muerte de su abuela.
“Era lo más grande que me quedaba y me dieron permiso 72 horas, pero no la pude ver, llevarle a mi esposa o hija. Estuve en su velorio los 9 días y la despedí en su tumba y decidí que mi etapa como militar había terminado; quería algo diferente”, expresó.
Su camino lo llevó a emigrar a Rock Hill, Carolina del Sur, junto a María, su esposa. La migración se convirtió en una oportunidad de crecimiento, pero también en un tiempo de separación prolongada de sus cinco hermanas.
“Fui a cobrar el finiquito que nos da el ejército y aproveché para decirle a mi hermana adiós. Yo hablé con ella y pensé que nunca nos íbamos a volver a ver. Cuando me despedí, me despedí pensando que era la última vez que la vería”, recordó.
Separados por la migración
Durante años, Rogelio trabajó para una compañía de concreto durante casi 70 horas a la semana. Cuenta que, a pesar del cansancio, desde la distancia el apoyo de su hermana lo hizo no renunciar a su meta de lograr el anhelado sueño americano y, al año, pudo independizarse.
“Nos empezó a ir bien. Nos compramos un rancho, tenemos una granja. Lo único que me faltaba era mi hermana, y creo que he recuperado un poquito de lo que no tuve de niño”, dijo.
El tiempo hizo lo suyo. Rogelio tuvo dos hijos y una nieta. Pero la ausencia de su hermana, quien por años también hizo el papel de madre, seguía siendo un vacío que no lograba llenarse hasta mayo de este año.
Hermanos se reencuentran después de 24 años
María, la esposa de Rogelio, contactó a Luis Abundez, director de la organización El Color del Arte y la Cultura, quien, a través de su programa de reunificación familiar El Color de los Sueños, le ayudó con los trámites necesarios para el reencuentro.
Ella, junto con otros diez adultos mayores, viajó desde su hogar hasta Guadalajara, donde, este sábado 9 de marzo, abordó un vuelo con destino a Charlotte. Allí fueron recibidos por Abundez y trasladados a la iglesia Aldersgate United Methodist, donde se organizó una celebración por el Día de las Madres. Entre música, comida y lágrimas contenidas, ambos hermanos recordaron con emoción a la persona que habían dejado atrás.
“Bendito sea Dios, se nos dio, se nos dio y le vamos a celebrar este 10 de mayo con mariachi, porque para mí es mi madre y hermana. Es lo más importante y valioso que me dejaron mis padres… Ella es la primera de mis hermanas que viene, pero me gustaría volver a ver a las otras cuatro”, comentó con esperanza.
Desde 2020, este programa ha reunido a más de 100 familias. Este programa está dirigido a padres y hermanos mayores de 60 años. Para conocer más sobre El Color del Arte y la Cultura:
- Llama al 980-298-7558.
- Contacta a: elcolordelarteylacultura@outlook.com.
- Visita sus redes sociales: El Color del Arte y la Cultura.
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