Creció entre la salsa, la rumba y la fe
Candido creció en un hogar conectado profundamente con la música, donde la salsa clásica se escuchaba desde temprano, en especial los sábados durante la “hora de limpieza” y luego en las “rumbas” del vecindario.
“Mi mamá cantaba y bailaba, mi papá tocaba y bailaba también. Era un ambiente en el que siempre se estaba oyendo música. Todo el mundo hacía limpieza en la casa con salsa y toda esa música clásica. No solamente en mi casa, sino en todo el vecindario. Había músicos que tocaban guitarra, trompeta, igual que mis primos tocaban de todo. Unos traían las congas, el bongo, el timbal, cuatro piedras en la acera, se cocinaba chivo y así pasábamos el rato, tocando salsa, rumba y comiendo. Era lo que decíamos, el vacilón”, contó a La Noticia.
De esta época recuerda cómo ganó su primer instrumento musical. “Un día le dije a mi mamá: ‘Yo quiero unos bongos, los pequeñitos’, y ella me preparó un cajón y me dejó ahí todo lo que se utiliza para lustrar zapatos y me dijo: ‘Toma, aquí tienes para que compres tu bongo, vete a trabajar’. Me fui a lustrar zapatos al pueblo, también vendí periódicos y me compré mi primer bongó”.
Luego, con solo 13 años, comenzó a formar parte de una orquesta, Expo 76. La música se convirtió en su lenguaje compartido en familia. Sin embargo, la vida tenía otros planes. Su camino por los escenarios se inclinó hacia una llamada más profunda: la de convertirse en pastor.
De Puerto Rico a Carolina del Norte
En su pasión por conectar con las personas a través de lo espiritual, en 2006, ya siendo pastor, fue transferido por la iglesia metodista a Charlotte, Carolina del Norte. Aunque pensó que el camino sería sencillo, al llegar encontró dificultades.
“Tuve que hacer todo el proceso que hice cuando estudié en Puerto Rico. Desde la parte psicológica hasta la investigación del récord criminal. También tener entrevistas con el obispo, reunir los créditos, entrevistas con los superintendentes y eso me costó meses. Desde enero hasta agosto. Mientras tanto, como muchos inmigrantes, trabajaba en una fábrica”, contó.
Durante su primera década en el país, se dedicó por completo a su misión con la iglesia metodista, primero en Mint Hill, luego en Concord y finalmente en Charlotte. No obstante, la música nunca estuvo lejos de su mente y años después se unió a Fuzion Latina, una banda latina local, conocida por su fusión de ritmos como la salsa y el merengue.
“Empezamos a hacer música con el fin de que ese género no muriera”
A medida que se establecía en la ciudad, comenzó a sentir la necesidad de no limitarse al nuevo repertorio, sino de revivir viejos géneros que, según él, necesitaban ser preservados en medio de la modernidad. Canciones de artistas de los años 60 como Peter (Peter Rodríguez), Conde (El Conde de la Salsa), Pacheco (Johnny Pacheco) y Héctor Lavoe. En el 2019 decidió crear su grupo propio y materializó esta idea con “El Nuevo Tumbao”.
“Comencé a llamar músicos que no estaban con otras orquestas y comenzamos a hacerlo. Ensayamos aquí y empezamos a hacer música con el fin de que ese género no muriera. Y, en el paso, hacerle un homenaje a cantantes de salsa que ya no están con nosotros. Con el tiempo y viendo la demanda del público, fuimos haciendo otros ajustes”, dijo Candido.

Banda latina combina la salsa y la fe
Fiel a la música y a su fe, Cándido cuenta que la música también se convirtió en una extensión de su vocación pastoral: una forma de conectar a la comunidad y llevar un mensaje de esperanza y, de paso, cambiar esa creencia de que los músicos “viven entre alcohol, el desvelo y el desorden”.
“Yo soy de los que pienso que debemos estar donde la gente no va, o sea, donde está el alcohólico, donde está el adicto y en ambientes que hay gente que necesita realmente escuchar la palabra de Dios. Eso fue uno de los propósitos por los cuales yo comencé a fundar la banda, para ir a esos sitios y poder hacer mi misión: llevar un aprendizaje”, explica.
En ocasiones, cuenta que hay personas no dispuestas a escuchar, pero asegura que su labor es “entender” y hablar a través de su actitud y el respeto. “No quiero que me vean como una amenaza, como un religioso, sino como una persona más”, añadió.

Siete años de El Nuevo Tumbao
Entre saxofón (tenor y alto), trombón, trompetas, piano, bajo, timbal, congas y bongó, el grupo, conformado por 12 músicos de diversas nacionalidades. Incluyendo Ecuador, El Salvador, Perú, República Dominicana, Colombia, Venezuela, Cuba, Estados Unidos y Puerto Rico, se reúnen para orar, tocar y terminar cada ensayo orando nuevamente.
A lo largo de los años, casi 30 músicos de diferentes orígenes han formado parte de esta banda. Le alegra acercar a nuevos inmigrantes con talento musical a su grupo, para pulirlos y permitir abrirse camino en este arte o, incluso, en otras áreas.
“Casi siempre es algo transitorio. Nosotros servimos como una base para que la gente, muchos estudiantes, se pulan y después salgan. Es como un primer espacio para disfrutar de la música, conocer a otros músicos, preguntar, conseguir trabajo, acompañar a un hermano durante una dificultad, abrirse, aconsejar, recibir consejos, etcétera”, describe.
Con una trayectoria de más de siete años, «El Nuevo Tumbao» sigue consolidándose en Charlotte como una banda que no solo preserva la salsa, sino que también une a la comunidad con las dos pasiones de Candido: la música y la fe.
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