Estados Unidos abandonó oficialmente el Acuerdo de París, un pacto global cuyo objetivo es trabajar en conjunto para evitar la amenaza de un cambio climático catastrófico.
Desde hace un año el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, inició la salida del país del acuerdo. Esto tiene como consecuencia aislar a Washington en los esfuerzos internacionales por combatir el calentamiento global.
De antemano se aseguró que si Estados Unidos no participa en estos esfuerzos será más difícil que el resto del mundo alcance los objetivos marcados.
¿Por qué Estados Unidos es importante en la lucha por el cambio climático?
Estados Unidos es el segundo emisor del mundo de gases de efecto invernadero, por detrás de China. Se considera que su contribución en reducir las emisiones es importante, aunque, por fortuna, no la única relevante. En las últimas semanas, China, Japón y Corea del Sur se han sumado a la Unión Europea y otros países marcando plazos límites nacionales para dejar de emitir gases de efecto invernadero a la atmósfera.
Aunque el gobierno de Trump ha rechazado medidas federales para recortar emisiones, varios estados, ciudades y negocios de Estados Unidos han seguido adelante con sus intenciones.
El aspirante demócrata a la presidencia, Joe Biden, se ha posicionado a favor de que Estados Unidos vuelva a sumarse al Acuerdo de París.
Acuerdo de París
Unos 189 países siguen comprometidos con el Acuerdo de París, de 2015, que aspira a limitar el aumento de temperatura media global “muy por debajo” de 2 grados Celsius (3,6 grados Fahrenheit), idealmente a no más de 1,5 grados Celsius (2,7 grados Fahrenheit) en comparación con la era preindustrial. Otros seis países han firmado, pero no ratificado el acuerdo.
Los científicos señalan que cualquier aumento de la temperatura por encima de los 2 grados Celsius podría tener un impacto devastador sobre gran parte del mundo al subir el nivel del mar, agravar las tormentas tropicales y empeorar las sequías e inundaciones.
El Acuerdo de París requiere que los países marquen sus propios objetivos para reducir los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono. El único requisito vinculante es que los países deben reportar con precisión sus esfuerzos.
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