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Inteligencia artificial: ¿Quién paga la cuenta?
La inteligencia artificial necesita enormes cantidades de electricidad. La pregunta es incómoda: ¿pagarán las grandes empresas o terminará el costo en las facturas de las familias? Foto: Centro de datos en Ohio. SNEHIT PHOTO/Adobe Stock.

La inteligencia artificial (IA) está de moda y, no solo eso, estoy convencido de que llegó para quedarse. Hoy está en nuestros teléfonos, en las empresas, en las universidades y hasta en las conversaciones sobre el futuro del trabajo. Carolina del Norte, naturalmente, quiere montarse en ese tren. Y hace bien. El problema comienza cuando aparece la factura.

Detrás de las empresas de IA como ChatGPT o Gemini, los servicios en la nube y otras tecnologías que parecen funcionar casi por arte de magia, existe una enorme infraestructura de centros de datos que requiere cantidades extraordinarias de electricidad para funcionar. Servidores operando las 24 horas, sistemas de refrigeración, subestaciones, líneas de transmisión y nueva infraestructura energética. Nada de eso es gratis.

Vienen las empresas pero sube la demanda energética

Carolina del Norte se está convirtiendo precisamente en uno de los lugares donde muchas de estas compañías quieren instalarse. Hasta ahí, magnífico.

Que lleguen inversiones, se construyan proyectos, generen empleos y aumente la actividad económica. Nadie debería pretender que Carolina del Norte le cierre la puerta a una de las industrias con mayor crecimiento del mundo.

Pero, ¿quién va a pagar toda la electricidad que estos gigantes necesitan?

Duke Energy ha reconocido que los centros de datos representan una parte enorme del crecimiento de la demanda eléctrica asociado a nuevos proyectos económicos.

Aquí es donde la conversación tecnológica termina convirtiéndose en una conversación sobre el bolsillo de cualquier familia de Carolina del Norte. Porque si una empresa multimillonaria necesita una nueva subestación para alimentar miles de servidores, resulta difícil explicar por qué una familia en el estado debería terminar pagando parte de ella a través de su factura mensual.

Inteligencia artificial: quien genera el costo debe asumirlo

No estoy planteando que persigamos a las empresas tecnológicas ni que hagamos imposible su llegada al estado. Sería absurdo.

Estoy planteando exactamente lo contrario: que Carolina del Norte cree reglas claras desde ahora para recibir esa inversión sin convertir al ciudadano común en su socio involuntario.

Hay una diferencia importante entre promover el desarrollo económico y subsidiar el riesgo de una gran corporación.

Supongamos que una compañía anuncia un enorme centro de datos. La empresa eléctrica, confiando en esa demanda futura, realiza inversiones millonarias para atenderla. Pero algunos años después el proyecto cambia, se reduce o simplemente no consume toda la energía que había prometido.

¿Quién paga entonces la infraestructura construida? La respuesta no puede ser: todos nosotros

Tiene sentido que Carolina del Norte estudie contratos a largo plazo, consumos mínimos, garantías financieras y tarifas diferentes para estos grandes usuarios.

No se trata de castigar el crecimiento. Se trata de impedir que sus costos sean socializados mientras sus beneficios permanecen privados.

Carolina del Norte tiene una oportunidad enorme. Nuestra ubicación, nuestras universidades, nuestra infraestructura y nuestro crecimiento económico pueden convertir al estado en uno de los grandes beneficiados de la revolución de la inteligencia artificial. Sería un error rechazarla.

Pero también sería un error todavía mayor aceptar cualquier inversión sin preguntarnos primero quién termina pagando sus costos. Porque las familias ya enfrentan alquileres más altos, seguros caros, alimentos costosos y facturas de servicios públicos que pesan cada vez más sobre el presupuesto mensual. No necesitan además convertirse en financiadoras silenciosas de los servidores de algunas de las compañías más grandes del mundo.

Que venga la inteligencia artificial, lleguen los centros de datos y que Carolina del Norte compita por las inversiones del futuro. Pero cuando llegue el recibo de la luz, que cada quien pague la suya.

Encuentre este artículo en inglés aquí.

Abogado con más de 10 años de experiencia en derecho administrativo, urbanístico y contratación pública.