Exagerar y mentir, por un mismo camino suelen ir, dice un refrán que describe perfectamente lo que es en realidad esa manía de exagerar que tienen tantas personas… ¡y en la que a veces caemos sin darnos cuenta!

¡Uy, había como mil personas en la tienda!, quizás exclamamos, cuando realmente en el lugar no habían ni 100. Ese tipo de exageración inocente es parte de la naturaleza humana, es un poco creativa y hasta divertida. ¿Te imaginas lo aburridas que serían las telenovelas y películas sin un poco de exageración?

Ojo, otra cosa es la exageración innecesaria que muchos usan a diestra y siniestra.

Exagerar y mentir

¡Oye, qué mentirosa es Fulanita!, alguien se quejó conmigo hace poco sobre una amiga en común que a todo le añade un 50, cuando no transforma la cosa al 100. Si su niña obtiene buenas notas, te dice que es la mejor del colegio, y repite mi esposo gana casi 7,000… cuando yo sé que no llega a 40,000. Y por si fuera poco ya le he oído un par de veces decir que su marido estudió en la Universidad de Harvard… cuando yo creo que su amorcito ¡jamás ha visitado Massachusetts! Por eso no pude defenderla cuando la criticaron de mentirosa, pues cuando alguien sazona la realidad de tal manera, a la vez miente.

Yo me pregunto, ¿qué necesidad tiene la gente de exagerar? Te aseguro que lo único que consiguen es perder su credibilidad. ¡El día en que esa niña sea de verdad la mejor del colegio no me lo voy a creer!

Mecanismo de compensación

Yo creo —y lo he confirmado con expertos en psicología— que los exagerados son en el fondo personas inseguras que agrandan los sucesos para afirmarse y aliviar su sentido de inferioridad. Como no se sienten conformes con los resultados reales de su vida, los inflan para verse mejor ante los ojos del mundo.

Es difícil para el exagerado darse cuenta que lo hace, pues lo ha convertido en un hábito y está adicto a la reacción que provoca en los demás al impresionarlos.

¿Qué hacer?

Si al leer esto sientes que eres tú este tipo de persona, felicítate por haberte dado cuenta, y antes de que los demás dejen de creer en ti, ¡detén ese comportamiento!

Convéncete que tu realmente eres suficientemente bueno, capaz y vales mucho. No tienes que exagerar para impresionar. Créeme que aun sin exagerar la gente te estimará y apreciará tus logros.

La próxima vez que vayas a hacerlo, ¡ponle freno y di no voy a mentir! A partir de ese momento tu credibilidad subirá un 100… ¡y no estoy exagerando!

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