El aparente vandalismo que sufrieron las subestaciones eléctricas del condado de Moore, en Carolina del Norte, está dejando más que una enseñanza, si no la certeza de que estos sistemas están expuestos a más casos similares, según autoridades federales.

Desde mucho antes de lo que ocurrió el pasado 3 de diciembre, cuando se dio un apagón masivo producto de que las estaciones recibieron disparos, el gobierno ha advertido que la red eléctrica podría ser un blanco primario de grupos extremistas que acogen el “aceleracionismo”, una filosofía marginal que promueve la violencia masiva para azuzar el colapso de la sociedad.

En enero del 2022, un informe del Departamento de Seguridad Nacional advirtió que extremistas internos han estado desarrollando “planes creíbles, específicos” para atacar infraestructura eléctrica desde al menos 2020. El informe del DHS advierte que extremistas “adheridos a una serie de ideologías probablemente continuarán conspirando y alentarán ataques físicos contra infraestructura eléctrica”.

En febrero, tres hombres se declararon culpables de conspirar para atacar instalaciones eléctricas del país. Las autoridades dicen que estaban impulsados por ideologías de supremacía blanca para “sembrar el caos y la división entre los estadounidenses”.

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¿Por qué son posibles los ataques a estaciones eléctricas?

No basta que haya grupos supremacistas, en su mayoría blancos y antigubernamentales, que han sido vinculados a conspiraciones para atacar la red eléctrica. El departamento escribió que era improbable que los agresores generen apagones generalizados en varios estados sin contar con ayuda interna. Pero también advirtió que de todas formas un ataque podría causar daños y lesiones.

Por otro lado, las autoridades dicen que lo vasto de la infraestructura eléctrica estadounidense hace que sea difícil defenderla. Hay plantas eléctricas y subestaciones como las atacadas en Carolina del Norte, dispersas en cada rincón del país y vinculadas por líneas de transmisión que transportan electricidad a través de regiones agrícolas, bosques y pantanos.

“La red es gigantesca”, dijo Erroll Southers, exfuncionario del FBI y profesor de seguridad nacional en la Universidad del Sur de California.

Esto hace que sea complicado proteger los blancos porque los atacantes no siempre tienen que acercarse tanto como lo hicieron en Moore para provocar daños, señaló Southers. Con el fusil correcto, habilidad y campo visual, un francotirador podría disparar a unos 1,500 metros (unos 4,900 pies) de distancia.

Proteger las subestaciones contra el disparo de un fusil de largo alcance es “extremadamente difícil, si no es que imposible”, declaró.

Southers dijo que todos estos retos significan que el proteger la infraestructura eléctrica puede reducirse a contar con sistemas de respuesta y respaldo más que de defensa.

Desarrollado por La Noticia con información de The Associated Press

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Jeralí Giménez

Lic. en Comunicación Social. MBA en Mercadeo. CEO de Link BTL. Disfruto de leer y escribir. Soy madre y esposa agradecida con la vida. jgimenez@lanoticia.com