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La meditación de las 7 palabras se hace el Viernes Santo, con el fin de reflexionar sobre las últimas 7 frases que pronunció Jesús en la Cruz, antes de morir.

La crucifixión es el momento más solemne de la Pasión y Muerte de Jesús. Invita a reconocer la entrega del Señor hacia sus hijos. Pero también el amor del Padre misericordioso quien sacrificó a su Hijo para la Salvación de la humanidad. 

En las 7 palabras de Jesús en la Cruz están las enseñanzas que quiso dejarnos. Son lecciones sobre la Misericordia divina y una invitación a obrar de la misma forma sabia como él lo hizo.

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Meditación de las 7 palabras

Te invitamos a hacer esta meditación de las 7 palabras con reflexiones de Los Tesoros de la Liturgia.

Primera Palabra:

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”

(Lc 23,34)

Oración:

Jesús amado, que por amor mío agonizaste en la cruz, a fin de pagar con tus penas la deuda de mis pecados, y abriste Tu divina boca para obtenerme el perdón de la justicia eterna:

Ten piedad de todos los fieles agonizantes y de mí en aquella hora postrera. Y por los méritos de vuestra preciosísima Sangre derramada por nuestra salvación, concédenos un dolor tan vivo de nuestras culpas que nos haga morir en el seno de Tu infinita misericordia.

Reflexión:

Jesús, con estas palabras, no pide el perdón para sí, pues no le hacía falta, sino para los que le habían hecho eso. Murió amando hasta el final, perdonando. El amor gana así al odio. En la Cruz volvió a dar una gran lección, pues la verdadera prueba del cristianismo no es amar a los amigos, sino a los enemigos, a los que nos desean y hacen el mal y no nos quieren. Perdonar ayuda a quitar el odio, perdonar vence al odio. El odio queda derrotado a fuerza de bien, de perdón. 

Tres Gloria.

Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.

Dios mío, creo en Ti, espero en Ti, te amo y me arrepiento de haberte ofendido con mis pecados.

Segunda palabra

Hoy estarás conmigo en el Paraíso”

(Lc 23, 43)

Oración:

Jesús amado, que por amor mío agonizaste en la cruz y que con tanta prontitud y liberalidad correspondiste a la fe del buen ladrón que te reconoció por Hijo de Dios en medio de tus humillaciones, y le aseguraste el Paraíso:

Ten piedad de todos los fieles agonizantes y de mí en aquella hora postrera; y por los méritos de vuestra preciosísima Sangre, haz que reviva en nuestro espíritu una fe tan firme y constante que no se incline a sugestión alguna del demonio, para que también nosotros alcancemos el premio del santo Paraíso.

Reflexión:

Estas palabras nos enseñan la actitud que debemos tomar ante el dolor y el sufrimiento. El buen ladrón al ver a Jesús en la cruz comprende el valor del sufrimiento. El sufrimiento puede hacer un bien a otros y a nuestra alma. Nos acerca a Dios si le damos sentido.

Tres Gloria.

Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.

Dios mío, creo en Ti, espero en Ti, te amo y me arrepiento de haberte ofendido con mis pecados.

Tercera palabra

He aquí a tu hijo: he aquí a tu Madre"

(Jn 19, 26)

Oración:

Jesús amado, que por amor mío agonizaste en la cruz y olvidando tus sufrimientos nos dejaste en prenda de tu amor a tu misma Madre Santísima para que por su medio podamos recurrir confiadamente a Ti en nuestras mayores necesidades:

Ten piedad de todos los fieles agonizantes y de mí en aquella hora postrera; y por el interior martirio de una tan amada Madre, reaviva en nuestro corazón la firme esperanza en los infinitos méritos de tu preciosísima Sangre, a fin de que podamos evitar la eterna condenación que tenemos merecida por nuestros pecados.

Reflexión:

La Virgen, al pie de la Cruz, sufriendo por ver a su Hijo así, es proclamada Madre de todos los hombres. El amor, y más el de una madre, busca aligerar al que sufre y tomar sus dolores. El Hijo y la Madre nos aman con un amor sin límites. María es, desde ese momento, madre de todos nosotros y nos quiere como quiso a su Hijo. Nunca nos abandona.

Tres Gloria.

Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.

Dios mío, creo en Ti, espero en Ti, te amo y me arrepiento de haberte ofendido con mis pecados.

Cuarta palabra

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

(Mt 27, 46)

Oración:

Jesús amado, que por amor mío agonizaste en la cruz y que, añadiendo sufrimiento a sufrimiento, además de tantos dolores en el cuerpo, sufriste con infinita paciencia la más penosa aflicción de espíritu a causa del abandono de tu eterno Padre:

Ten piedad de todos los fieles agonizantes y de mí en aquella hora postrera; y por los méritos de tu preciosísima Sangre, concédenos la gracia de sufrir con verdadera paciencia todos los dolores y congojas de nuestra agonía, a fin de que, unidas nuestras penas a las tuyas, podamos después participar de tu gloria en el Paraíso.

Reflexión:

Estas palabras nos hacen pensar en el pecado de los hombres. El pecado es la muerte del alma. El pecado es el abandono de Dios por parte del hombre. El hombre rechazó a Dios y Jesús experimentó esto.

Tres Gloria.

Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.

Dios mío, creo en Ti, espero en Ti, te amo y me arrepiento de haberte ofendido con mis pecados.

Quinta palabra

¡Tengo sed!"

(Juan 19, 28)

Oración:

Jesús amado, que por amor mío agonizaste en la cruz y que, no saciado aún con tantos vituperios y sufrimientos, quisiste sufrirlos todavía mayores para la salvación de todos los hombres, demostrando así que todo el torrente de Tu Pasión no es bastante para apagar la sed de tu amoroso Corazón:

Ten piedad de todos los fieles agonizantes y de mí en aquella hora postrera; y por los méritos de Tu preciosísima Sangre, enciende tan vivo fuego de caridad en nuestro corazón que lo haga desfallecer con el deseo de unirse a Ti por toda la eternidad.

Reflexión:

La sed es un signo de vida. Tiene sed de dar vida y por eso muere. Él tenía sed por las almas de los hombres. Jesús trató de reunir a los hombres todos los días de su vida, pero una parte de ellos lo rechazó. Que despreciaran su amor, el amor de Dios le dolió en lo más profundo de su ser. La sed de todo hombre es la sed del amor.

Tres Gloria.

Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.

Dios mío, creo en Ti, espero en Ti, te amo y me arrepiento de haberte ofendido con mis pecados.

Sexta palabra

Todo está consumado”

(Jn 19,30)

Oración:

Jesús amado, que por amor mío agonizaste en la cruz y desde esta cátedra de verdad anunciaste el cumplimiento de la obra de nuestra Redención, por la que, de hijos de ira y perdición, fuimos hechos hijos de Dios y herederos del cielo:

Ten piedad de todos los fieles agonizantes y de mí en aquella hora postrera; y por los méritos de Tu preciosísima Sangre, ayúdanos a desprendernos por completo así del mundo como de nosotros mismos; y en el momento de nuestra agonía, danos gracia para ofrecerte de corazón el sacrificio de la vida en expiación de nuestros pecados.

Reflexión:

Todo tiene sentido: Jesús por amor nos da su vida. Jesús cumplió con la voluntad de su Padre. Su misión terminaría con su muerte, pero su sacrificio sería aceptado por el Padre. Resucitará. La obra de nuestra redención está completada, pero tenemos que colaborar con ella, tenemos que obrar para merecer esa redención. No hemos salvado todavía nuestras almas, pues somos libres. Todo lo que hagamos debe estar dirigido a este fin. 

Tres Gloria.

Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.

Dios mío, creo en Ti, espero en Ti, te amo y me arrepiento de haberte ofendido con mis pecados.

Séptima palabra

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”

(Lc 23, 46)

Oración:

Jesús amado, que por amor mí agonizaste en la cruz, y que en cumplimiento de tan grande sacrificio aceptaste la Voluntad del Eterno Padre al encomendar en sus manos Tu espíritu para enseguida inclinar la cabeza y morir:

Ten piedad de todos los fieles agonizantes y de mí en aquella hora postrera; y por los méritos de Tu preciosísima Sangre, bríndanos en nuestra agonía una perfecta conformidad a con Tu divina voluntad, a fin de que estemos dispuestos a vivir o a morir según sea a Ti más agradable; y que no sepamos nada más que por el perfecto cumplimiento en nosotros de Tu adorable voluntad.

Reflexión:

Jesús abandonado en las manos de Dios, con la confianza del Hijo. Estas palabras nos hacen pensar que debemos de cuidar nuestra alma, no sólo nuestro cuerpo. Jesús entregó su cuerpo, pero no su alma. Devolvió su espíritu a su Padre no con grito de rebelión sino con un grito triunfante. Jesús nunca perdió de vista su meta a seguir. Sacrificó todo para alcanzarla. Lo más importante en la vida es la salvación de nuestras almas. De nada nos sirve ganar el mundo si perdemos nuestra alma.

Tres Gloria.

Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.

Dios mío, creo en Ti, espero en Ti, te amo y me arrepiento de haberte ofendido con mis pecados.

Jeralí Giménez

Lic. en Comunicación Social. MBA en Mercadeo. CEO de Link BTL. Disfruto de leer y escribir. Soy madre y esposa agradecida con la vida. jgimenez@lanoticia.com

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