La crisis generada por el nuevo coronavirus tiene repercusiones a nivel de salud que no solo responden a la infección. La pérdida de ingresos y el aislamiento social pueden repercutir en cambios en las rutinas alimentarias de muchos habitantes de Carolina del Norte.

Tras el cierre de las escuelas -que no reabrirán hasta el según anunció el gobierno- muchos niños de todo el estado han sufrido cambios en sus dietas.

Hace pocos días Carolina del Norte se transformó en uno de los cuatro primeros estados en brindar un subsidio de 250 por cada niño para la compra de alimentos durante la pandemia. Se trata de un dinero federal proveniente del programa P-EBT y beneficia a más de 800,000 niños.

Sin embargo, ¿cómo invertir el dinero de manera óptima para que los más chicos gocen de una salud alimentaria adecuada?

Aquí algunos consejos basados en los Lineamientos Dietéticos de la Oficina de Prevención de Enfermedades y Promoción de la Salud (ODPHP) del Departamento de Salud y Servicios Humanos bajo la Oficina del Secretariado de Salud.

1. Comer mucho no es comer bien

La malnutrición no debe ser asociada con la delgadez. De hecho la prevalencia de la obesidad infantil es del 18.5 en Estados Unidos y afecta a alrededor 13.7 millones de niños y adolescentes, de acuerdo con el Centro Nacional de Estadísticas de Salud (NCHS).

Este porcentaje trepa al 25.8 cuando se trata de niños y adolescentes latinos, el porcentaje más alto si se distingue a la población infantil por etnia o raza. Por eso hay que saber elegir qué tipos de alimentos consumen los niños para asegurarse de que lleven una dieta variada.

2. Más frutas y verduras

Quizás es un consejo muy básico pero no deja de ser necesario. De acuerdo con la encuesta What We Eat in America (NHANES) en todas las edades el estadounidense promedio consume porcentajes mucho menores de frutas y verduras en comparación con las recomendaciones.

En particular los niños de entre 4 y 13 años consumen un promedio de una taza de verduras por semana, cuando la recomendación es entre 2 y 3. En cuanto a las frutas de los 9 a los 13 años se consume un promedio de una taza de frutas por semana y se recomienda 2.

3. Granos integrales

Si bien en promedio en todas las edades en Estados Unidos se consume la cantidad de granos necesarios, el error reside en el exceso en la ingesta de alimentos con granos refinados como pizzas, panes, tortillas, galletas y arroz.

La recomendación no es dejar de lado estos alimentos por completo pero sí sustituir algunos con cereales de granos enteros, como la avena, los panes y galletas integrales, cereales integrales listos para comer, las palomitas de maíz, entre otros.

4. Lácteos ricos en nutrientes

Una buena opción son los lácteos magros o con poca grasa como las leches (incluida la leche sin lactosa) y el yogur, pero también las bebidas de soja enriquecidas (leche de soya).

Debido a que la mayoría de los quesos contienen más sodio y grasas saturadas, y menos potasio, vitamina A y vitamina D que la leche o el yogur, un mayor consumo de productos lácteos sería más beneficioso si se selecciona más leche y yogur sin grasa en lugar de queso.

5. Aumentar variedad de proteínas

Aunque el consumo promedio de alimentos con proteínas en los niños estadounidenses está cerca de las recomendaciones, la ingesta de pescado se ubica por debajo de estas recomendaciones de salud, además existen otros alimentos proteicos, como frijoles y almendras que deben tenerse en cuenta.

Una estrategia para aumentar la variedad de alimentos proteicos es sustituir dos veces a la semana la carne, el pollo o los huevos por legumbres, nueces y semillas o frutos del mar.

6. Menos dulces

Entre los 9 y 13 años es cuando se consume más azúcar en Estados Unidos, con una ingesta promedio de azúcares agregados de 17 del total de calorías diarias consumidas, cuando este porcentaje debería ser menos del 10.

Las estrategias para realizar este cambio incluyen elegir bebidas sin azúcares añadidos, como agua, en lugar de bebidas azucaradas, o reducir la frecuencia de consumo y las porciones.

La leche baja en grasa o el jugo de fruta hecho en casa también se pueden consumir en lugar de bebidas azucaradas.

7. Menos grasas saturadas

Para reducir el consumo de grasas saturadas es importante leer las etiquetas de los alimentos y sustituir estas grasas por alimentos ricos en grasas poliinsaturadas y monoinsaturadas.

Una opción realista es cambiar los ingredientes en platos mixtos para aumentar las cantidades de verduras, granos integrales, carne magra y queso magro, en lugar de carne grasa o queso común.

8. Menos alimentos salados

Debido a que el sodio se encuentra en tantos alimentos, se necesitan elecciones cuidadosas en todos los grupos de alimentos para reducir su consumo.

Una buena práctica es elegir verduras frescas, o congeladas (sin salsas o condimentos), en lugar de enlatadas.

Elegir las comidas caseras y evitar las mezclas y productos instantáneos, incluidos arroz con sabor, fideos instantáneos y pasta preparada. Por último, recordar que siempre se puede condimentar los platos con hierbas y especias en lugar de sal.

Cecilia Presa

Apasionada por el storytelling, soy Licenciada en Comunicación por la Universidad de Montevideo. Mi cobertura de temas está enfocada en el emprendedurismo, las finanzas personales y las problemáticas...

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