En una escena trascendental del documental What the Health (2017) de Netflix, el cineasta Kip Andersen visita familias en el condado de Duplin, Carolina del Norte, un área conocida como la "capital mundial del cerdo”.

Ahí, los cerdos confinados superan en número a las personas en una proporción de 40 a 1 y la población sufre un inquietante número de muertes por cáncer.

Cerca de la casa de uno de los personajes entrevistados, los excrementos de los cerdos se rocían semanalmente al aire libre. Las CAFO porcinas de Carolina del Norte afectan de manera desproporcionada a las comunidades afroamericanas y latinas de bajos ingresos, lo que refleja un patrón conocido como "reconocido como racismo ambiental”. 

Es entonces que los residentes de los condados de Duplin y Sampson en el Este del estado, tienen que aprender a vivir muy cerca de los desechos porcinos

A veces es solo el hedor, pero dependiendo de dónde vivan, también podría significar que los desechos se rocíen cerca de sus hogares, lo que genera problemas de salud y atrae una variedad de plagas, especialmente durante el verano cuando las moscas ya abundan. 

Un problema de años atrás en Carolina del Norte

Estas condiciones intolerables en realidad se deben que durante décadas, la ley de Carolina del Norte ha permitido que las operaciones industriales porcinas eliminen los desechos de los cerdos mediante sistemas de lagunas y campos de aspersión, mismos que almacenan las heces y la orina de los cerdos en pozos al aire libre antes de rociar los desechos en los campos. 

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Recientemente, en marzo de 2021, el Departamento de Calidad Ambiental (DEQ) de Carolina del Norte emitió permisos para cuatro granjas porcinas propiedad de Smithfield Foods, lo que les permitió invertir en biogás, un lucrativo sistema de gestión de desechos en el que el metano queda atrapado dentro de lagunas selladas, en lo que es conocidos como digestores anaerobios. 

Smithfield transporta, procesa y vende el gas metano atrapado como una forma de energía renovable, según detalló la organización The Counter

Una segunda laguna al aire libre almacena los desechos, que se rocían en los campos y luego enmasillan las casas cercanas.

Ya sea que se trate de una planta química en el Este de Los Ángeles o una granja industrial en el Este de Carolina del Norte, las comunidades de color son el objetivo habitual de albergar operaciones que tienen impactos ambientales negativos.

Latinos y afroamericanos, de los más afectados

Las operaciones de desechos porcinos de Carolina del Norte se concentran en los condados de Duplin y Sampson, donde los residentes afroamericanos, latinos e indígenas representan casi la mitad de la población y donde la tasa de pobreza promedio supera el 20 %, muy por encima del promedio nacional. 

Fue así que el activismo por la justicia ambiental surgió en el Este de Carolina del Norte en la década de 1980 cuando los residentes negros de Afton lucharon contra la decisión de los funcionarios estatales de utilizar su ciudad como vertedero de desechos peligrosos. 

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Los residentes de Afton finalmente perdieron su lucha, pero nació un movimiento. 

Esa lucha temprana también produjo uno de los primeros informes que detallaba cómo la raza estaba más fuertemente correlacionada con la ubicación de una instalación de desechos peligrosos que cualquier otro factor individual. 

Unos 40 años más tarde, ahora la EPA tiene una Oficina de Justicia Ambiental, que dice buscar el “trato justo y la participación significativa de todas las personas independientemente de su raza, color, origen nacional o ingresos con respecto al desarrollo, implementación y cumplimiento de las leyes, reglamentos y políticas ambientales”.

Algunos avances

Ahora, los defensores en el Este de Carolina del Norte argumentan que sus comunidades siguen estando sujetas a la injusticia ambiental, pero ya se presenta como un avance

Los cuatro permisos emitidos por DEQ son parte de una operación mucho más grande llamada proyecto de biogás Align RNG, una asociación entre Smithfield Foods y Dominion Energy que dará como resultado una red de tuberías de 30 millas entre lagunas de desechos porcinos en 19 granjas en los condados de Duplin y Sampson.

Un portavoz de Smithfield le dijo a The Counter que el objetivo de Align y Smithfield es "proporcionar la infraestructura para permitir que las granjas que deseen instalar digestores lo hagan". 

En marketing, Smithfield vende sus operaciones de biogás como “tecnología limpia” que producirá “energía renovable” y reducirá las emisiones de gases de efecto invernadero, protegerá el clima y mejorará el aire.

Sobre el papel, suena como un progreso, una manera de hacer uso de los miles de millones de galones de desechos que los casi 10 millones de cerdos de Carolina del Norte producen cada año. 

¿Una falacia?

Sin embargo, estas operaciones de biogás todavía se basan en el uso de lagunas primitivas de desechos porcinos

Las lagunas más antiguas no están revestidas, lo que deja gases nocivos y patógenos microbianos como la salmonela que se filtran al suelo.

El desecho de cerdo está destinado a descomponerse a medida que el líquido se evapora, pero a menudo se derrama, por lo que los granjeros rocían el estiércol en los campos cercanos. 

Los desechos no solo llegan a los hogares de las personas, sino que se lavan en la cuenca hidrográfica local, matando peces y “asfixiando los ríos del estado con un exceso de nitrógeno y fósforo”, informó Pacific Standard.

Sin duda, un severo problema medioambiental para Carolina del Norte, exhibido en el documental vegano de Netflix, pero que lleva años ignorado al perjudicar mayoritariamente a latinos, afroamericanos e indígenas.

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Martín Avilés

Periodista mexicano egresado de la EPCSG. Así como Eduardo Galeano y su absoluta falta de talento para jugar al fútbol, ojalá pudiera yo -en algún imposible día de gloria- escribir con el coraje Ryszard...