Un estudiante de la Universidad de Carolina del Norte en Wilmington murió después de varias semanas luchando contra el COVID-19.

Tyler Gilreath estaba por cursar su tercer año universitario y se acababa de mudar a su nuevo dormitorio. Días después de la mudanza llamó a su madre para informarle que había arrojado positivo en coronavirus.

Tamra Demello, madre Gilreath, aseguró que su hijo no estaba vacunado y que a pesar de haber dado positivo en COVID-19, no planeaba inocularse.

“Él dijo: 'Oh, mamá, si me enfermo, para los jóvenes, no es gran cosa. Lo tienes un par de días y lo superas'. Eso no es necesariamente cierto", contó Demello.

Tres semanas después de contagiarse, Gilreath mostró notables mejoras; sin embargo, presentaba una infección nasal grave. El pasado 20 de septiembre, Tyler fue hospitalizado debido a una infección cerebral.

"Estoy tan enojada con él. Incluso le dije cuando estaba acostado en el hospital, que cuando mejorara le iba a patear el trasero", dijo Demello.

Durante el transcurso del fin de semana, los médicos informaron a la familia de Tyler Gilreath que tenía muerte cerebral. Este martes, Tyler fue desconectado.

Tamra desea que la historia de Tyler sea difundida para que otras familias se vacunen y no pasen por lo mismo.

"Si no lo hacen por sí mismos, hágalo por sus familiares y seres queridos. Si se enferma con una vacuna, no lo estará por mucho tiempo", dijo.

Demello intentó convencer a Tyler para que se vacunara, pero lamentablemente no tuvo éxito.

"Estaba demasiado ocupado y / o preocupado por los posibles problemas cardíacos a largo plazo, pero finalmente accedió a recibirlo tan pronto como se mudara a la escuela. No tuvo la oportunidad. Estoy devastado más allá de lo creíble", aseguró. 

El corazón, el hígado, el páncreas y los riñones de Gilreath serán donados, mientras que sus pulmones se utilizarán para estudiar el coronavirus.

“Lo único que le da algún sentido a esta tragedia innecesaria es que Tyler se inscribió para ser donante de órganos cuando obtuvo su licencia. Sé que ahora mira hacia abajo y dice: 'Supongo que mamá sabía lo que era mejor para mí'. Vivirá en mi corazón y a través de esos destinatarios. Sé que está con Dios, pero el agujero en mi vida que deja nunca desaparecerá”, detalló.

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Aldo Mendoza

Egresado de la carrera de Comunicación y Periodismo en la Facultad de Estudios Superiores Aragón, UNAM. amendoza@lanoticia.com

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