Es sumamente difícil encontrar cualquier clase de explicación para entender el atentado terrorista que sufrió la comunidad de El Paso, Texas, la cual dejó hasta el momento más de 22 personas muertas y otras 25 heridas, incluyendo niños pequeños, en el peor incidente con armas de fuego que se registra desde . Unos minutos antes del trágico incidente, el presunto atacante publicó en internet un manifiesto lleno de odio contra los inmigrantes. Este tipo de odio sin sentido trasciende cualquier vestigio de lógica y es un aterrador anuncio, de que la inacción llevará a nuevas tragedias.

Este crimen fue motivado por las alienantes ideas de odio contra de los inmigrantes, las cuales se han multiplicado en en los últimos tres años. En el texto del atacante se podían leer frases que fueron reproducidas en recientes discursos políticos. Hablaba de una invasión latina en Texas, y advertía que los inmigrantes estaban tomando el lugar de las personas blancas.

Esta es tristemente otra tragedia que se suma a la macabra lista de masacres que ha sufrido Estados Unidos en los últimos años. ¿Qué hemos hecho como nación para enfrentar este problema? La respuesta es: Nada.

La Casa Blanca lamentó este tiroteo y otro ocurrido el mismo día en Dayton, Ohio, y se precipitaron a declarar que el factor que propició este tiroteo, fueron problemas de salud mental, luego el presidente Donald Trump escribió que los medios de comunicación tenían la culpa. No faltó quien quizo echar la responsabilidad a los video juegos. No se habló del problema del odio, divisionismo, y en muchos casos violencia, que está promoviendo desde los discursos electorales.

Más tarde hubo un cambio de tono, y el presidente sugirió que se implemente una legislación que permita una regulación sobre la venta de armas de asalto y revisión de antecedentes, además agregó que le gustaría ver una reforma migratoria agregada a esta legislación.

Los defensores acérrimos del derecho a portar armas no quieren ningún tipo de control, ni siquiera algo tan elemental como revisar los antecedentes delictivos de un comprador, ante la paranoica idea de que el gobierno federal les va a quitar sus armas y no se van a poder defender. Este punto está cargado de prejuicios más que de sentido común.

En medio de una época de tensiones raciales, en donde la retórica en contra de grupos vulnerables como los inmigrantes ha proliferado por todo el país, es necesario evaluar quienes son los promotores del odio, y los predicadores del prejuicio.

El odio y el prejuicio no son enfermedades mentales, son enfermedades sociales, que en muchos casos, como le sucedió a El Paso, pueden terminar en tragedia.

Debemos cortar este mal de raíz, no debemos prestar nuestros oídos para que los promotores del odio o del prejuicio difundan sus venenosas palabras, debemos denunciar las acciones de estos personajes. No podemos permitir bajo ninguna circunstancia que estos individuos ocupen cargos públicos. Si realmente queremos prevenir que vuelvan a ocurrir una tragedia como la de El Paso, o la de Dayton, debemos demostrar a los promotores del odio que están solos, que somos más quienes creemos en la dignidad de todos los seres humanos, tengan papeles o no.

Diego Barahona A.

Periodista, editor, asesor, y presentador. De 2016 a 2019 el periodista más galardonado en Estados Unidos por los Premios José Martí. Autor del best seller: ¿Cómo leer a las personas? dbarahona@lanoticia.com