Hace unos años habló conmigo una conocida figura de la radio local. Con cierto sentido de urgencia y con visible preocupación en su rostro, me sugirió que sacara mi dinero del banco y que comprara oro, pues decía que había descubierto en una página de Internet que estaba en marcha una inminente conspiración secreta del entonces presidente, Barack Obama, la cual eliminaría el dólar e implementaría una nueva moneda llamada amero la cual sería obligatoria no solo para Estados Unidos, sino para todos los países del continente. Al principio pensé que era una broma, pero la realidad era que el hombre estaba realmente asustado.

Me tomé el tiempo de explicarle que un cambio de moneda de esa magnitud era poco probable. Por más argumentos que le presenté todo fue en vano. Al final algo molesto me dijo que pronto lo vería con mis propios ojos y que me acordaría de aquella conversación. Hoy a dos años del final de la administración Obama y sin que haya llegado el amero, recuerdo este incidente como un ejemplo de lo susceptibles que son algunas personas a las inverosímiles conspiraciones, miedos y profecías que aparecen en la red.

Hace pocas semanas conocí a un grupo de personas quienes muy seriamente sostienen que el sol, que usted puede ver desde su ventana, en realidad perdió su energía hace algunas décadas y que la NASA creó un programa para engañar a la población, y que el sol que sale cada día no es la estrella que todos conocemos, sino una máquina del gobierno. Pedí evidencias que corroboren semejante afirmación y ante la falta de estas y mis constantes preguntas, aseguraron que el gobierno me había lavado el cerebro.

¿Por qué este tipo de afirmaciones disparatadas tienen tantos adeptos? Porque hay gente que prefiere vivir en una cultura de miedo y conspiraciones que en la realidad, para de esta manera echarle la culpa de sus problemas al sistema y no a sus propias decisiones. Este tipo de pensamiento es el mismo que crea audiencia para los medios de comunicación sensacionalistas y para las páginas de Internet alarmistas.

Quizás puede pensar que a usted no le afectan este tipo de historias fantásticas que circulan por Internet, pero ¿alguna vez compartió en sus redes sociales información de fuentes que no confirmó? ¿Se ha visto tentado a creer en alguna cura milagrosa para una enfermedad sin cotejar si esto es verdad? En las redes abundan videos con teorías carentes de evidencia, los que tristemente difunden desinformación en temas tan delicados como la salud, la ciencia, la ecología, la crianza de los niños, la economía, o la política.

Debido a que nos aproximamos a la temporada electoral, vale la pena exhortar a nuestra comunidad a que no se deje impresionar por páginas de Internet alarmistas, medios de comunicación irresponsables o políticos oportunistas, quienes lucran explotado el miedo de la gente.

Conviértase en una persona crítica con los rumores y pida evidencias. Sea selectivo con sus fuentes informativas, no le brinde oído a los medios de comunicación sensacionalistas, manténgase informado con medios serios y con reconocida trayectoria como La Noticia. Analice las propuestas y el récord de trabajo de los políticos que buscan su voto. No se deje llevar por los rumores o las promesas vacías, tome una decisión informada.

La información que recibimos y que aceptamos, de una u otra manera moldea nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento, de allí la importancia de ser muy cuidadosos con lo que dejamos que entre a nuestra mente.

Diego Barahona A.

Periodista, editor, asesor, y presentador. De 2016 a 2019 el periodista más galardonado en Estados Unidos por los Premios José Martí. Autor del best seller: ¿Cómo leer a las personas? dbarahona@lanoticia.com

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