Antes de la pandemia, solo basta sentarse un día frente al televisor para terminar deprimido. Los canales de televisión hablan más que nada de las muertes que están ocurriendo en todas partes del mundo. Jóvenes que matan sin control a sus amigos, a sus padres, a maestros, en los centros comerciales, en los patios de las escuelas. Oficiales quitándote la vida a jóvenes sin explicación. Adultos que cruzan las líneas éticas de responsabilidad moral y duermen con menores, tráfico humano, etc. Hoy las noticias que copan las pantallas hablan sobre muertes y coronavirus.

No es mí intención deprimir a mis lectores, pero si quiero decirles que todo lo que está pasando pueden tocar a su puerta. Sin embargo, así como existe la medicina para las enfermedades, así también Dios tiene una respuesta para estás situaciones de carácter espiritual. Todo lo que está pasando al rededor de nosotros no es otra cosa que la ausencia de Dios en los hogares y por consiguiente en nuestra sociedad.

Si bien la maldad en el corazón del hombre es como un virus contagiosos, también el amor al prójimo es contagioso. Si uno ama a Dios, se ama a si mismo, ama a su prójimo y actúa con estos principios, inevitablemente conmoverá a las personas, servirá como ejemplo para los jóvenes y hará un impacto en su comunidad, pues la luz brilla más en la obscuridad. Una lámpara en un lugar oscuro, nunca pasará desapercibida.

Un hogar en donde Dios no existe o en donde no se permite mencionar su nombre, es un hogar sin luz divina, consecuentemente, ese hogar es más vulnerable para también ser parte de la obscuridad.

La palabra de Dios nos dice que nosotros no luchamos contra carne ni sangre, sino contra potestades espirituales. Es por eso que nuestra lucha debería ser de carácter espiritual.

Si usted y yo oráramos más, buscáramos más a Dios y le dedicáramos un poco de tiempo a Dios, su hogar comenzaría a cambiar, a llenarse de luz y por consiguiente su comunidad y la sociedad también.

Busquemos hacer la voluntad de Dios para que vivamos en un mundo más sano y con menos preocupaciones, les recomiendo comenzar a orar hoy, ahí en donde está ahora mismo, dígale a Dios que le enseñe a orar y le muestre como acercarse más a El.

La oración es la llave para abrir bendiciones de lo alto, junto con la fe. Una de esas bendiciones es tener una mente saludable, donde el razonamiento es parte de la salud interna del individuo. El razonamiento insta a la persona a tener linderos de carácter moral, los cuales llevan al orden interno a no cometer acciones insensatas que lo dirigen a la muerte física, interna espiritual y muy seguro a la muerte eterna.

Maudia Meléndez

Por tres décadas ha servido en su ministerio pastoral y en la organización Jesus Ministry. Presidenta de la Federación de Iglesias Cristianas. Autora del libro: El encuentro que me transformó

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