Mujer orando con una Biblia abierta.

En días pasados escuchábamos con preocupación que el huracán Florence se acercaba a nuestras costas de las Carolinas con furia, en su camino por el océano subió a categoría cuatro y poco a poco sus fuertes vientos se acercaban a la categoría cinco. Al tocar tierra este fenómeno iba a dejar una devastación sin precedentes; fue entonces cuando por todas las redes sociales comenzamos a ver gente pidiendo oración para que Dios hiciera el milagro de debilitar esos vientos. Finalmente, a poco tiempo de tocar tierra el huracán se convirtió en una tormenta tropical y luego se degradó a depresión tropical.

El huracán Florence deja a su paso muertos, destrucción física y daños en carreteras y caminos, no obstante este fenómeno podía haber hecho mucho más daño en nuestro estado, no solamente en las costas sino en todos los condados y pueblos que estuvieron a su paso.

Hoy nos sentimos agradecidos de que no ocurrió la tragedia con la magnitud que se esperaba, fue como si una mano divina lo calmara, y así el huracán Florence, se apaciguó a medida que avanzaba.

¿Podrá ser que la oración funcione? ¿Será que cuando miles de personas nos unimos para orar, Dios hace el milagro que esperamos? ¿Será que Dios es tan real como nosotros mismos? Y si así es, entonces yo me pregunto ¿Por qué hay tanta gente que en este tiempo que se ha olvidado de Dios y aun ni siquiera ora o visita su casa, pero durante el dolor, la tragedia y la emergencia invocan su nombre y creen en su divino poder?

Creo que es el momento de que cada uno de nosotros nos hagamos un autoexamen y veamos cómo anda nuestra vida espiritual con el Dios verdadero, Jehová de los Ejércitos y su hijo Jesucristo, el creador del cielo y de la tierra, el que tiene dominio en el Universo, el que camina en las alas del viento, el que calma las tempestades, el que sana nuestras enfermedades, el que trae paz en medio del dolor, el que nos acompaña en medio de la soledad, el que nos defiende de los enemigos, el que puso su vida por nosotros y tomó nuestro lugar en la cruz del calvario, el que nos ama y nos acepta de la manera que somos, el que nos hizo libres del pecado, y libres para siempre.

Les quiero decir que yo he analizado esto y lo he comparado con las votaciones. Nosotros queremos que nuestro candidato gane, pero no salimos a votar y decimos, es que mi voto no cuenta. Esta idea se repite en miles y millones de personas y finalmente vemos que el candidato perdió. Imagínense si todos los que dijeron mi voto no cuenta hubieran ido a votar, entonces el candidato sería el ganador. Así es la vida espiritual con Dios, uno a uno se apartan de Dios, dejan de orar y no va a la iglesia. Imagínese si todos nos unimos a orar, imagínese si todos nos acercáramos a Dios, no solamente se desvaneciera un huracán, también traeríamos abajo la violencia, el crimen organizado, las balaceras masivas, la violencia doméstica, nuestros hijos se tornarían a Dios y se acabaría la rebeldía, las calles estuvieran más seguras y los niños nuevamente jugarían libremente en las calles y plazas de las ciudades sin temor a ser maltratados.

Hoy te invito a que te acerques a Dios y verás que cuando tú y yo, y todos los demás, nos acerquemos, Él comenzará a contestar todas nuestras oraciones. Bajo su poder divino estaremos más seguros.

Maudia Meléndez

Por tres décadas ha servido en su ministerio pastoral y en la organización Jesus Ministry. Presidenta de la Federación de Iglesias Cristianas. Autora del libro: El encuentro que me transformó

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