Hace un tiempo atrás vino Pedro a mi oficina con una situación muy precaria: tenía una deuda de 26,000 y andaba buscando una solución rápida a este problema. Cuando le pregunté a quién le debía ese dinero, Pedro me comentó que se los debía a una prestamista, y que le debía los réditos (los intereses del capital) de un dinero que había obtenido con ella.

Pedro se sentó enfrente de mi escritorio y después de saludarlo vi que sus manos le temblaban, en su rostro se notaba una angustia muy grande y antes de hablar, el hombre se soltó en llanto.

Me contó que hace unos años conoció a esta señora prestamista, quién en momentos de necesidad le había dado varias sumas de dinero; sin embargo, desde el primer préstamo que él recibió, comenzó a pagar réditos sobre el dinero, y si se pasaba un día, se le doblaban los réditos, y si todavía él no podía pagar, la señora le prestaba más dinero para cubrir los réditos, y ahora también le tendría que pagar réditos sobre los réditos que ella le facilitaba.

Esto llegó al punto que los réditos comenzaron a subir de una manera exorbitante hasta ahora debe 26,000. Pedro le paga a esta señora 3,500 mensuales, me comentaba que él y su esposa ganan para pagar los réditos solamente y que la carga es tan grande que ya no saben qué hacer. Pedro vino a mí para saber si algún banco le podía facilitar el dinero para el poderle pagar a esta mujer y así ya no generar esos réditos tan terribles que solo seguían generando más réditos.

La esposa de Pedro le dijo a esta señora que ya no aguantaba la carga, que ya es demasiado lo que le han pagado por casi cuatro años y que de alguna manera ella ya quería que parara esa entrega de dinero mensual. La señora les amenazó diciendo que se fueran a buscar su dinero y se lo trajeran, y si no querían pagar que se atuvieran a las consecuencias, les amenazó con que algo terrible les puede pasar a ellos o a sus familiares en México, pero también que ella los podía llevar a la corte y ellos pagarían con cárcel.

Hablé largamente con Pedro y también con su esposa, les comenté a manera de información, que aquí nadie va a la cárcel por deber dinero, si te llevan a la corte y sí de verdad debes ese dinero, entonces el magistrado fallará para que el deudor pague el dinero y de no pagar, el fallo que dio el juez, esto se queda en su archivo y puede perjudicarle para cuando busque crédito, ese fallo puede aparecer en sus reportes de crédito, pero que nadie va a la cárcel por deber dinero, a menos que sea por causa de fraude o estafa u otras razones de crimen que sean encontradas por un juez.

También le dije que lo que esta señora está haciendo me suena como a usura, aunque reconozco que todavía no he oído lo que ella también pueda decir. Luego lo referí a dar esas quejas a la oficina de defensa consumidor, el Better Business Bureau (BBB) al teléfono: 704-927-8611, además le ofrecí otras sugerencias para detener ese abuso.

Quiero decirle a usted que está leyendo esta historia, que antes de tomar dinero prestado de alguien, primero debe estar consciente de las consecuencias que puede pagar, asegúrese que usted conoce las leyes que lo protegen como consumidor y siempre busque la ayuda de los bancos y cooperativas que sirven a los latinos para que ellos le aconsejen qué hacer en un momento de necesidad de dinero.

Maudia Meléndez

Por tres décadas ha servido en su ministerio pastoral y en la organización Jesus Ministry. Presidenta de la Federación de Iglesias Cristianas. Autora del libro: El encuentro que me transformó

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