La historia de una madre que asesinó a su vecino pedófilo se ha hecho viral en los últimos días luego de que la mujer salió libre tras 7 años de prisión.

Sarah Sands acuchilló a muerte a Michael Pleasted, de 77 años, en 2014, luego de enterarse que el “inofensivo” anciano que había sido su vecino durante años, abusó sexualmente de tres niños del vecindario, entre ellos su hijo de 12 años.

Con ocho puñaladas, Sarah Sands acabó con la vida de Pleasted en su departamento en Londres.

En 2015, Sarah fue sentenciada a tres años y medio de prisión por el delito de homicidio. El tribunal de apelación extendió a siete años y medio la condena.

Sands fue puesta en libertad a finales del mes pasado.

Sarah con su hijo Bradley tras ser puesta en libertad. (Foto: The Sun)

"Hice lo que cualquier madre haría porque él le hizo esto a mi hijo Bradley", dijo Sarah al diario británico The Sun.

Tras el asesinato de Michael Pleasted, las autoridades de Londres descubrieron que había cometido 24 delitos contra menores de edad entre 1970 y 1990.

De acuerdo a Sarah Sands, la comunidad tenía la percepción de que Michael era un buen hombre, razón que la hizo confiar en él cuando le ofreció un trabajo a su hijo, Bradley, en el centro comunitario donde trabajaba.

"Mick fue un modelo a seguir. No tenía ninguna razón para no confiar en él. Pensé que Bradley estaba a salvo", aseguró la madre.

Lo que la gente no sabía es que el agresor se había cambiado el nombre con el que fue registrado. De esta forma, Pleasted había ocultado su pasado como abusador.

"Nunca soñé que sería capaz. No me enorgullece, pero al menos sé que no puede hacer daño a nadie más. No soy una mala persona pero sé que hice algo malo. Nunca lo he negado y me han castigado", declaró Sands.

El día que cambió la vida de Sarah

La madre detalló cómo fue el día en que acabó con la vida del abusador de su hijo y aseguró que su intención nunca fue asesinar a Pleasted, sino pedirle que se declarara inocente para que su hijo no atravesara la dura experiencia de declarar.

"Tomé un cuchillo y fui a su casa. No me escuchó. Era frío. Un hombre diferente al que había sido mi amable vecino", explicó Sands.

"Le pinché en la frente con el cuchillo y me agarró. Perdí el control. No podía dejar que nadie más saliera herido; alguien tenía que proteger a la gente", agregó.

Tiempo después, Bradley declaró estar “demasiado avergonzado para decir algo al principio”.

Aldo Mendoza

Egresado de la carrera de Comunicación y Periodismo en la Facultad de Estudios Superiores Aragón, UNAM. amendoza@lanoticia.com

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