Mientras las temperaturas comienzan a descender en el país, una invasión de chinches apestosas se aproxima inevitablemente.

Las chinches apestosas buscan calor y los hogares son su santuario perfecto, según informó WHAS.

Esta especie, según Pest World, se introdujo en el país desde Asia en la década de 1990

En tanto, fueron encontradas por primera vez en Allentown, Pensilvania, en 1996.

Sin embargo, no fueron identificadas sino hasta septiembre de 2001.

Para 2004, se habían extendido a Nueva Jersey y Virginia.

Actualmente, están en 44 estados y el Distrito de Columbia —incluido Carolina del Norte—.

Según Orkin, las chinches apestosas ingresan a las casas a través de ventanas rotas e incluso a través de grietas en las puertas. 

Pueden entrar en pequeños huecos en el revestimiento de las casas entrando de cabeza y usando sus cuerpos planos para meterse.

Les encanta la luz y se reúnen en las paredes exteriores soleadas antes de encontrar la manera de entrar.

Las chinches apestosas pueden dañar las plantas, pero en realidad no son una amenaza para los humanos. 

Además, tampoco dañan hogares ni propagan enfermedades.

Aunque eso sí, pueden ser muy molestas.

Las chinches pueden volar o trepar por las paredes y los techos.

Reciben su nombre del olor que liberan cuando están amenazadas y algunas especies pueden rociar ese químico maloliente, de acuerdo con Pest World. 

Un olor que puede durar horas.

Pero se recomienda no pisarlas si encuentra una, pues también desprenden un olor fuerte cuando se aplastan.

Pest World sugiere usar una aspiradora para aspirar las chinches apestosas vivas o muertas.

Y debe asegurarse de vaciar la bolsa o el recipiente para garantizar que el olor no se propague.

Finalmente, si se trata de una gran infestación, es posible que deba llamar al control de plagas.

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Martín Avilés

Periodista mexicano egresado de la EPCSG. Así como Eduardo Galeano y su absoluta falta de talento para jugar al fútbol, ojalá pudiera yo -en algún imposible día de gloria- escribir con el coraje Ryszard...

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