Cuando la pandemia del coronavirus comenzó el año pasado, Sussa Goins se dio cuenta que su emprendimiento no iba a sobrevivir. Había empezado su negocio de catering, The Traveling Bistro en Charlotte, en el 2018, y ya estaba teniendo dificultades para mantenerlo abierto. 

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“Realmente fue muy difícil lograr el éxito con el Traveling Bistro,” explicó Goins. “Yo lo mantuve abierto, pero no era un negocio rentable, si soy honesta.”

Los ingresos no eran constantes. Dice que podía pasar de ganar alrededor de $3,000 en una boda en un mes a ganar $100 o $200 en fiestas realizadas en un par de semanas. 

Y la inestabilidad empeoró cuando el COVID-19 comenzó en Carolina del Norte y los eventos se suspendieron. 

Goins dice que fue la solicitud para un préstamo del Programa de Protección de Pago (PPP) la que la hizo darse cuenta que su negocio no era sostenible. 

“Cuando revisé el Anexo C en mis documentos para ver qué cantidad de dinero podía calificar, estaba en negativo. Así de mal estaba mi negocio, desafortunadamente,” comentó Goins. “Pero de alguna manera fue bueno, porque me di cuenta que no era un negocio sostenible y que tenía que seguir adelante con algo diferente.” 

Pasó los próximos meses intentando decidir qué hacer. 

Goins llevaba años horneando pan sin gluten para su familia por las alergias de su hijo. Pensó que posiblemente podía venderlo. En junio, comenzó a vender el pan entre sus conocidos. Vendió 100 panes en el primer mes. 

“Me di cuenta que tenía algo muy poderoso. El poder que uno tiene en la cocina para ayudar a los demás es increíble. Y eso es algo que siempre me ha apasionado, el ayudar a los demás,” dijo Goins. “Entonces para mí, esta era una combinación de mis dos pasiones, ayudar a los demás, y preparar comida deliciosa.” 

Tomando lo que había aprendido en su primer negocio, Goins comenzó a trabajar para lanzar uno nuevo.

Sacó un préstamo, gastó una porción de sus ahorros y transformó una parte de su lavadero en una pequeña cocina industrial. De ahí, se dedicó a vender su pan y se dio a la tarea de crear nuevas recetas. 

En octubre lanzó Eleven Eleven Wellness Bakery y empezó a vender sus productos en redes y en tres tiendas en Mecklenburg County.

“Es emocionante, abrumador y agotador — no sé,” dijo Goins. “Es una mezcla de sentimientos, si soy honesta.”

A comienzos de mayo, Goins dice que había realizado 600 pedidos en línea. 

“Me siento muy realizada — muy realizada sabiendo que finalmente mi trabajo y mi esfuerzo están dando frutos. Y que después de tantos años trabajando con mis manos, haciendo lo que amo, lo estoy logrando y estoy apoyando a mi familia,” dijo Goins. “Y eso es increíble.” 

De alguna manera, dice que le agradece a la pandemia por esto.

“Definitivamente la pandemia fue una oportunidad para mí, para darme cuenta que no estaba en el camino correcto'', explicó Goins. “Definitivamente era el tiempo que necesitaba para desarrollar un negocio que fuese sostenible, que va a ser rentable, que está apoyando a mi familia, y eso ha sido una bendición.” 

Goins habla con orgullo, llamándose una empresaria. Ahora su meta es crecer por fuera de su casa y eventualmente contratar empleados. 

Puedes leer la nota en inglés: How One Charlotte Entrepreneur Used COVID-19 To Reinvent Her Business

Este artículo es parte de una serie colaborativa que examina el impacto económico del COVID-19 en las comunidades afroamericanas y latinas. La serie se produce a través de una colaboración entre WFAE, Charlotte Ledger, QCity Metro, y La Noticia. Cuenta con el apoyo de fondos de Facebook, el Fondo del Laboratorio de Noticias Locales de Carolina del Norte (NC Local News Lab Fund), Google, y los miembros de WFAE.

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Maria Ramírez Uribe

Es reportera de WFAE recientemente graduada en Elon University. Cubre la comunidad latina de Charlotte. Su experiencia incluye trabajar por unos meses en CNN como investigadora para la sala de redacción...

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