Miles de personas caminan desde el sábado en la caravana migrante desde México con destino a la frontera estadounidense.

Después de caminar durante tres días por una carretera bajo el sol abrasador en el sur de México, algunos decidieron descansar. Recibieron atención médica en las ampollas de los pies, lavaron su ropa en el río y dormitaron bajo cualquier sombra que pudieran encontrar en el municipio de Huixtla, en el estado de Chiapas.

Todavía no saben dónde las autoridades mexicanas intentarán detener al grupo. La caravana, que incluye a cientos de niños, ha avanzado lentamente, recorriendo apenas 41 kilómetros (25 millas) desde que arrancó.

No todos los migrantes buscan llegar a Estados Unidos. Algunos pretenden llegar a las ciudades del norte donde suele haber más oportunidades de empleo.

Entretanto, las solicitudes de asilo en México hasta septiembre, rondan las 90,000. Más de dos terceras partes de ellas se realizaron en la oficina de Tapachula, pero migrantes consideran lentitud en el proceso y por ello iniciaron rumbo.

Familias cuentan por qué se unieron a caravana migrante

Nitza Maldonado y Omar Rodríguez se acostaron sobre la acera junto a una iglesia con su hijo de 6 años. La familia, originaria de Honduras, le pagó a un traficante 12,000 dólares el año pasado para llegar a Estados Unidos, pero los detuvieron y deportaron.

Debido a la pandemia perdieron sus trabajos en su país natal —ella como asistente en un bufete de abogados y él como empleado de una lavandería. Enfrentaron el desempleo y las deudas como resultado de su fallido intento por emigrar, así que decidieron partir nuevamente, pero esta vez por su cuenta.

Dayana Flores, de 17 años, y su esposo Kevin Ortiz, de 20, salieron de Honduras hace cuatro meses cuando su bebé apenas tenía 20 días de nacido. Desde entonces, han estado en la ciudad de Tapachula, en el sur de México, acudiendo regularmente a la oficina de asilo y formándose antes del amanecer para tratar de obtener estatus legal, pero nada parecía avanzar.

Carlos Fuentes viajaba con su esposa y seis hijos. Quieren llegar a la ciudad norteña de Monterrey. Estuvo seis años en Estados Unidos antes de ser deportado hace una década. Dijo que los miembros de una pandilla intentaron reclutar a sus hijos —a los niños para que vendieran drogas y a las niñas para que fueran sus novias— así que tuvieron que marcharse.

Desarrollado por La Noticia con información de AP.

Jeralí Giménez

Lic. en Comunicación Social. MBA en Mercadeo. CEO de Link BTL. Disfruto de leer y escribir. Soy madre y esposa agradecida con la vida. jgimenez@lanoticia.com

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