Wilman Ortiz tenía un negocio de construcción en Bayamón, Puerto Rico. Viajaba con frecuencia a Carolina del Norte para visitar a su familia. 

“Nunca me había interesado venir a vivir acá. Nunca,” comentó Ortiz . “Porque me iba bien en Puerto Rico no me quejaba.”

Todo eso cambió en el otoño del 2017 cuando el Huracán María devastó a la isla.

“María cayó. Fue algo terrible. La casa nos vibraba, tú sentías la vibración. Nos quedamos sin agua, sin luz, automáticamente,” Ortiz explicó. “María me cambió la vida a mí, a mi familia.”

Ortiz dice que vivió sin luz y agua por alrededor de dos meses. Recuerda cómo sus vecinos se unieron. Algunos le llevaban pan a todos por las mañanas. Ortiz y su familia hacían café y arroz.

Con el tiempo, el trabajo comenzó a volver. Pero sus dos hijos aún no podían volver al colegio.

“Yo salía a trabajar, mi esposa iba a trabajar, pero para mis niños la educación se puso bien fuerte,” Ortiz explicó. “No podían ir a la escuela porque no tenían los recursos.”

Jeff Cravotta / Cortesía de Prospera

Empezando una nueva vida en Carolina del Norte

Con la educación de sus hijos en mente, Ortiz empacó sus cosas y se mudó a Charlotte. Durante los primeros meses vivió en la casa de su cuñada.

Al poco tiempo de haber llegado, Ortiz comenzó a trabajar como operador de equipos pesados. Había trabajado anteriormente en el mismo campo en Puerto Rico. 

Mantuvo ese trabajo por alrededor de dos años. En ese momento decidió que quería hacer algo diferente. 

“Porque yo bien me podía quedar de operador. Y sería el mejor operador que existiera en la compañía pero, después qué?” dijo Ortiz. “No tiene sentido, por eso es que uno trata de seguir escalando.”

Con su esposa trabajando, Ortiz decidió comenzar a estudiar Inglés en Central Piedmont Community College. 

El espíritu emprendedor 

Trabajó con la Cámara de Comercio Latinoamericana de Charlotte y con Prospera, una organización sin ánimo de lucro que ayuda a emprendedores latinos. 

José Álvarez, director de Prospera en Carolina del Norte, dice que al conocerlo le llamó la atención la actitud positiva de Ortiz. 

“Cuando los emprendedores como Wilman llegan a Prospera, ya han hecho el 50 % de la tarea porque ya cuentan con ese espíritu emprendedor,” explicó Álvarez. “El 50 % es aprender cómo hacerlo aquí.”

Álvarez comenzó a trabajar con Ortiz, ayudándolo a ahorrar dinero y mejorar su capacidad crediticia. 

Hace dos años, Ortiz obtuvo su licencia comercial y comenzó a trabajar como conductor de camiones. Viajaba de Carolina del Norte a Texas varias veces a lo largo de una semana. 

Comenzando un nuevo negocio

En junio del 2020, durante la pandemia del COVID-19, Ortiz compró un camión volcador y comenzó su propio negocio: Like Arrows, LLC.

“Me compré el camión y me fui a tocar puertas a la calle,” comentó Ortiz. “Porque eso es algo que tengo claro por experiencia propia. Las puertas no se abren solas, tú tienes que ir a tocarlas y abrirlas.”

Ortiz no fue el único en abrir un nuevo negocio durante la pandemia. Según información de la Oficina del Censo de Estados Unidos, en el 2020 se presentaron documentos para comenzar  4.3 millones de negocios. Eso representa casi 850,000 negocios más que el año anterior. 

En Carolina del Norte, las cifras fueron similares. En el 2020, se presentaron documentos para comenzar alrededor de 127,000 negocios, 27,000 más que en el 2019, según el Departamento de Estado de Carolina del Norte.

En Prospera, Álvarez dice que cuando comenzó la pandemia, nadie estaba iniciando nuevos negocios. Sin embargo, después de unos meses, las llamadas comenzaron a llegar por parte de aspirantes a emprendedores. 

Barreras para emprendedores latinos durante el COVID-19

Alvarez señala que comenzar un negocio es un desafío para cualquiera. 

“La barrera para todos los dueños de pequeños negocios es el acceso a capital y a oportunidades,” explicó Álvarez.

Además, si le agregamos el tema de la pandemia y el ser latino, puede ser aún más complicado.

“Hay barreras por el idioma y barreras culturales. Y ahora en la mitad de una pandemia estamos intentando conseguir recursos en la mitad de una crisis,” Álvarez comentó. “Muchos de los recursos disponibles eran para negocios que ya existían no para nuevos emprendimientos.” 

Ortiz explica que sus primeros meses como emprendedor fueron difíciles. Entre la pandemia, las barreras del idioma y el clima no estaba obteniendo suficientes ingresos para poder pagar el mantenimiento del camión. 

“Fuerte. Fuertísimo, porque te desanima,” comentó Ortiz. “Muchas veces estuve a punto de parar y volver a lo que hacía antes.”

Pero Ortiz no paró. Después de unos meses tenía trabajo constantemente. Pasó de ganar alrededor de $1,200 a la semana a $4,000.

“Ciertamente Estados Unidos te da la oportunidad. Pero tienes que fajarte de cero,” explicó Ortiz. “Tienes que hacer lo que tienes que hacer, tienes que brincar los obstáculos que tengas que brincar.”

Y una vez más Ortiz estaba listo para seguir creciendo. En noviembre del 2021, vendió su camión volcador y compró un camión de carga. 

Es como comenzar con un nuevo negocio, explicó Ortiz. Pero también señaló que estaba preparado para el desafío. 

Maria Ramírez Uribe

Es reportera de WFAE recientemente graduada en Elon University. Cubre la comunidad latina de Charlotte. Su experiencia incluye trabajar por unos meses en CNN como investigadora para la sala de redacción...

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