Por la ventana se escucha el sonido del tren que pasa diariamente a menos de media milla de su casa rodante. Es una calurosa tarde de primavera y la llamada se pausa –como si el teléfono fuera derretido por el sol – debido al ensordecedor ruido de la máquina que avanza de Selma hacia Goldsboro.

Roberto Sánchez reanuda la llamada y pide una tímida disculpa, si acaso fuera el causante de la irrupción de la locomotora. Nacido en San Salvador, El Salvador, el latino de 37 años llegó a Carolina del Norte a los 16, cuando era un menor de edad y su familia huía de la violencia del país centroamericano.

Sin embargo, a pesar de los años, sus familiares nunca lograron adaptarse a las condiciones de este nuevo mundo al que se enfrentaban en el estado Tar Heel.

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El salvadoreño trabaja como repartidor de comida a bordo de su Toyota Camry 2008, labor que desempeñó con especial ahínco durante el comienzo de la pandemia, cuando la demanda de alimentos fue tal que David Harvey, geógrafo económico de la Gran Bretaña, nombró a los repartidores como la “nueva clase trabajadora”, junto a enfermeras, barrenderos y cualquier oficio que se siguiera desarrollando a pesar del confinamiento.

“Al principio de la pandemia ganaba como unos $18 la hora, pero ahora es menos”, dice a La Noticia sin especificar la cantidad actual.

Según datos de Intuit, el salario promedio de un conductor de entrega de alimentos en Carolina del Norte es de $20,000 al año, pero puede variar entre $15,500 y $41,000, dependiendo de diversos factores que van de lo geográfico a lo personal.

“La gente pide menos que antes a domicilio. He trabajado en otras cosas porque es difícil estar así, cada vez es más caro todo y más ahora con lo de la gasolina”, asegura el centroamericano.

No les ha sido fácil hacer dinero en Carolina del Norte

Sánchez exhala profundo y cuenta a través del teléfono que en su casa solo él y su padre aportan dinero, pues su madre se dedica a mantener el orden y la limpieza del hogar, mientras que su hermana menor está estudiando la carrera en un instituto universitario. 

Es difícil, uno piensa que con solo llegar a este país es sinónimo de hacer dinero de manera fácil, pero no es así”, comparte.

De hecho, los nuevos datos publicados por el Centro de Impuestos y Presupuesto de Carolina del Norte demuestran lo complicado que es cumplir con las necesidades de una familia.

De acuerdo con el reporte de 2022, para que las familias de todos los condados paguen sus necesidades básicas, se requiere mucho más que, por ejemplo, el salario promedio de un repartidor de comida.

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¿Cómo se determinó cuál es el ingreso digno de una familia?

El Estándar de ingresos dignos (LIS, por sus siglas en inglés) de 2022 evaluó el Nivel federal de pobreza, de lo que necesita una familia para llegar a fin de mes en cada uno de los 100 condados de Carolina del Norte.

Así se mostró que en aquí, una familia de dos adultos y dos niños (similar a la familia Sánchez) debe ganar un promedio de $69,270 al año para pagar vivienda, alimentos, cuidado de niños, atención médica, transporte, impuestos y otras necesidades, o bien, 2.5 veces el umbral federal de pobreza para una familia de cuatro.

El informe también desglosa las cifras por condado y tipo de familia, por lo que se reveló que un mismo grupo familiar de cuatro integrantes que vive en Orange (condado con el promedio más alto) necesitaría ganar $84,120 para pagar lo básico, mientras que una familia del condado de Alleghany necesitaría ganar la cantidad más baja del estado con un promedio de $52,950.

En el caso del condado de Wayne –donde radica Roberto con su familia– se requieren $62,980 al año en promedio para poder cubrir con las necesidades familiares, es decir, $5.250 al mes o $30.25 por hora, muy lejos de lo que percibe el salvadoreño aun sumando su ingreso con el de su padre, mismo que según dice, no pasa de los $15.

“Siento que para los latinos puede ser más difícil aún; súmale que no tenemos papeles, que vivimos al margen de eso, pues es difícil. Nos miran distinto. Siento que por el tono de piel y el idioma”, asegura Sánchez, quien vive en la casa rodante cerca de las vías desde hace 7 años.

Menos oportunidades

Según un sondeo del Pew Research Center, el 62 % de los latinos encuestados, dijo que tener una piel más oscura perjudica de alguna manera la capacidad de los miembros de esa comunidad para salir adelante, mientras que el 59 % asegura que los latinos con un color de piel más claro pueden salir adelante más fácilmente.

“No me regresaría a El Salvador, pero sí me gustaría tener más oportunidades. No es fácil ganarse la vida cuando no hay tantas opciones como creíamos”, puntualiza Roberto.

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Martín Avilés

Periodista mexicano egresado de la EPCSG. Así como Eduardo Galeano y su absoluta falta de talento para jugar al fútbol, ojalá pudiera yo -en algún imposible día de gloria- escribir con el coraje Ryszard...