A 20 años de los ataques terroristas del 11 de septiembre ¿es el mundo un lugar más seguro?
Tras dos largas guerras, miles de muertos, trillones de dólares gastados en armamento, Afganistan es nuevamente controlada por el Talibán. ¿Es el mundo un lugar más seguro? Foto: Mandritoiu / Adobe Stock

Han pasado dos décadas desde los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 (9/11) y las heridas todavía no sanan. Tras dos largas guerras, miles de muertos, trillones de dólares gastados en armamento, hoy Afganistán regresa a manos talibanes ¿es el mundo un lugar más seguro?

Hace 20 años Estados Unidos sufrió su peor golpe bélico desde la Segunda Guerra Mundial. Esto desencadenó una serie de eventos que terminaron en dos guerras: una en Iraq y otra en Afganistán.

Afganistán: una guerra de dos décadas

En el 2001 Afganistán estaba liderado un grupo de fundamentalistas islámicos: el Talibán. El país se había convertido en un refugio para organizaciones terroristas como al Qaeda, responsable por los ataques del 9/11.

El Ejército americano hizo despliegue de todo su poderío y poco a poco fueron replegando a los miembros del Talibán.

Lejos de Iraq y Afganistán, específicamente en Paquistán, luego de una cacería humana de cerca de una década, en mayo del 2011 fue ultimado el líder de la organización terrorista al Qaeda: Osama Bin Laden. Este personaje en 1979, se unió a las fuerzas muyahidines que luchaban contra la Unión Soviética en Afganistán. En su momento, los combatientes muyahidines fueron equipados con armamento estadounidense.

A diferencia de lo que muchos pensaban, la muerte de Bin Laden durante la administración Obama no paró la guerra en Afganistán. Este conflicto se prolongaría por otra década.

El siguiente paso para el Ejército americano era entrenar a los soldados afganos, equiparlos con armamento hasta los dientes y prepararlos para que ellos repelieran a los fundamentalistas.

Poco se invirtió en educación, en desarrollo, en combatir la pobreza o en entender las complejas dinámicas culturales de una región en donde un régimen democrático era una curiosidad más que una alternativa de gobierno. Esto dio paso a uno de los principales enemigos de la democracia: la corrupción.

Colapsan los planes de una democracia funcional

La corrupción empezó a gangrenar los mandos medios del ejército de Afganistán. Los americanos pagaban a los comandantes afganos para que ellos repartieran sus sueldos a la tropa, pero esto muchas veces no ocurría. Los soldados hambrientos y pobres, comenzaron a vender en el mercado negro el equipo que recibían en dotación, desde visores nocturnos, hasta kits de primeros auxilios o municiones, que en muchas ocasiones terminaban en manos de los talibanes.

Al igual que les ocurrió a los soviéticos en los años 80’s, ahora el Ejército americano veía que el desgaste económico de la guerra en Afganistán era insostenible.

Trump comenzó a negociar con el Talibán (excluyendo al gobierno afgano) para buscar una vía de salida, luego Biden ejecutaría una apresurada retirada. Pocos anticiparon que la caída de Afganistán en manos talibanes sería tan rápida, lo que sí sabían todos es que era inevitable.

Tras 20 años de guerra y un inmensurable costo humano, Afganistán regresó a manos del régimen Talibán, que ahora está armado hasta los dientes con equipo bélico americano.

Esta guerra comenzó con una tragedia: la caída de las Torres Gemelas y, terminó con otra tragedia: la caída de Afganistán.

¿Es el mundo un lugar más seguro?

La palabra “terror” proviene del término “terrorem”, la versión en latín de la palabra griega “Deimos”, la cual tiene sus raíces en la mitología. El dios de la guerra en la Antigua Grecia era Ares, quien tenía dos hijos: Phobos y Deimos (miedo y terror).

Es interesante destacar que esta correlación entre el terror y la guerra es muy antigua. Desde épocas inmemoriales los gobernantes han usado la amenaza de un conflicto para unificar a su propio pueblo. Era (y tristemente sigue siendo) muy efectivo el uso de la narrativa de la posible agresión del “enemigo externo” para aplacar las luchas internas.

Para los antiguos griegos el terror y el miedo no solo son hermanos, son hijos de la guerra. El mundo será un lugar más seguro en la medida en que las intervenciones bélicas dejen de crear nuevos monstruos.

Es difícil predecir el futuro de Afganistán y cómo afectará la retirada del Ejército estadounidense a la región y al planeta. Lo que queda claro una vez más, es que resulta contraproducente imponer una democracia solo por la fuerza.

En palabras del filósofo y politólogo Noam Chomsky: “Todo el mundo está preocupado por detener el terrorismo. Bueno, hay una manera muy fácil: dejar de participar en él”.

Lea este artículo en inglés aquí.

Diego Barahona A.

Periodista, editor, asesor, y presentador. De 2016 a 2019 el periodista más galardonado en Estados Unidos por los Premios José Martí. Autor del best seller: ¿Cómo leer a las personas? dbarahona@lanoticia.com

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