Algunas mujeres abrazamos la maternidad desde la pérdida de un hijo, situaciones de vida que se convierten en duelo y con ello nacen diferentes tipos de madres que aprenden a seguir adelante con el dolor.

En mi vida he compartido con al menos cinco tipos de madres en duelo. Con historias diferentes, con pérdidas de hijos en distintas etapas y situaciones. Lo que tienen en común es un dolor profundo, una soledad y vacíos que no se llenan ni curan con el transcurrir del tiempo.

Algunas historias tuvieron una reivindicación y luego de una pérdida abrazaron a una nueva vida. Otras se enfocaron en sus otros hijos para mirar hacia adelante. Sin embargo, todas esas madres llevarán un duelo para siempre.

Tener un ángel puede ser un regalo. Aun así, para una madre la tarea más dura será entregar a su hijo al cielo. ¿Por qué, si dicen que los hijos son un préstamo? Es que el orden natural y biológico de la vida solo nos prepara para la muerte de los padres, abuelos, tíos y hasta hermanos. Pero, a los hijos creemos que los tendremos para amarlos y cuidarlos toda la vida hasta que ellos nos despidan.

Sí, el amor se mantendrá por la eternidad. Pero no podremos protegerlos, guiarlos ni abrazarlos más. Y eso, duele profundamente.

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¿Cuáles son los tipos de madres en duelo?

Esta no es una clasificación formal. Solo está escrita en el libro de mi experiencia con cinco mujeres como cualquiera de ustedes que están leyendo, pero que no hablan de sus situaciones por diversas razones:

  • Las pérdidas duelen, ahogan y desarman.
  • No todos entienden el sufrimiento de una madre en duelo.
  • Sanar conlleva un proceso que no siempre fluye de manera saludable.
  • En ocasiones aparecen sentimientos de culpa que nos llevan a preferir guardarlos.
  • Pensamos, erróneamente, que somos casos aislados mientras vemos otras mujeres alrededor disfrutando de la maternidad.

La realidad es que casos como estos no son poco frecuentes.

1) Madre de anhelo.

Es aquella que no concibió ni llevó a un bebé en su vientre ni mucho menos lo dio a luz.

¿Por qué entonces es una madre y no simplemente una mujer? La razón es que ella no dice: "Yo no pude engendrar" , sino "No pude tener un hijo". Ella en el fondo es una madre, desde lo más profundo de su corazón, pero no lo concretó.

Algunas guerreras, como Beatriz Salazar, ven pasar su vida sin haber tenido la dicha de sentir siquiera la emoción de una patada en su vientre. Esa es una forma de pérdida. Perdió la posibilidad de tener un hijo debido a un cáncer que la llevó a una extirpación de útero, lugar donde habitan los bebés durante el embarazo.

A pesar de su instinto maternal, de estar preparada y enfocada en procrear, no estaba en su vida lograrlo.

Condiciones sin identificar, enfermedades subyacentes o anomalías de esas que sólo le pasan a las que más amor podrían tener guardado, aparecen sin explicaciones. Esas potenciales madres sufren, lloran, desean y en su interior se les mezclan la culpa, la rabia, la impotencia y los celos al ver a otras mujeres que sí lo logran. No existe alguno de esos sentimientos que se les puedan reprochar. Todos son humanos, reales y factibles. Después de todo, también renuncian a los hijos que la vida no les dio.

Algunas mujeres pasan por el anhelo temporal y tienen una reivindicación después de intentos exitosos artificiales. ¡Bien por ellas y bravo por la ciencia!

Otras como Beatriz aprendieron a encontrar un nuevo camino. Ella lo logró trabajando con terapias, formación y talleres con los que encontró la medicina para liberar sus emociones y sanar, sentir sus cargas livianas y mejorar como ser humano.

Madre semillero.

Esta madre puede perder no una sino muchas veces a una semilla en su vientre, durante el comienzo de un embarazo.

Las etapas del embarazo son complejas, pero basta decir que alrededor de la semana 8 se espera escuchar los latidos del corazón del futuro bebé. Yo, soy una madre semillero que olvidé la cantidad de veces que sufrí una pérdida de un pequeño ser que empezaba siendo apenas un punto latiendo en mi interior.

Perder a un hijo al que aún no has sentido ni visto también genera un duelo. Buscar y fallar en el intento de un primer, segundo o tercer hijo es muy triste. La impotencia y la ira, las preguntas de ¿qué tengo que cambiar para lograrlo? y el dolor, consumen.

Madres como yo nos rodeamos de montones de intentos por explicar nuestra situación. Exámenes van y vienen, teorías, hipótesis... Al final, puede que tengan la posibilidad de éxito, pero otras decidimos renunciar a la idea para evitar más sufrimiento. Mantenemos la esperanza muy en el fondo y, mientras tanto, en ocasiones lloramos por dentro.

Madre con ilusión fallida. 

Es la que pierde a un hijo varios meses después, cuando dejó de ser una semilla, pero no completó su formación en el vientre.

Olga Pacheco experimentó esa ilusión fallida casi llegando al séptimo mes de su primer embarazo. Antes de esa triste experiencia de saber que su hijo había dejado de crecer en su útero, lo pudo sentir, verlo en ecografías e imaginarlo cuando llegara su nacimiento.

No existe una clave para dejar pasar ese duelo tan poderoso que te paraliza y llena de miedo. Olga volvió a ver la luz del sol en los ojos de una hermosa niña, aunque se reencuentra con los momentos de oscuridad que vivió cuando tuvo que aceptar la ida de su angelito al cielo.

Madre temporal.

De estas hay dos tipos. Unas que no escuchan el llanto de sus hijos al nacer, o las que no terminan de llevar a su criaturas a casa después de varias horas o días de lucha y los pierden.

Viana Díaz llegó a su cesárea programada con la expectativa de ver nacer a su segundo hijo. Todo iba bien, hasta que su bebé salió de su vientre. No hubo llanto, no hubo signos vitales, aunque habían sido confirmados minutos antes de la cirugía. En solo segundos el panorama cambió.

Viana fue una madre durante nueves meses, abrazó su panza mientras crecía y le dio amor. El mismo que hoy le da a través de una oración.

Después de salir con una almohada en lugar de con su hijo en brazos, se levantó a fuerza de voluntad. Han pasado 10 años y ella aún se repite cada día que son cosas de la vida. Había que seguir adelante.

Madre que renuncia.

Ella tuvo años amando, cuidando y protegiendo a su hijo hasta que un inesperado "accidente" de la vida se lo arrebató.

Crisanto Miguel vivió hermosos casi 7 años de su corta vida rodeado de su mamá, Verónica López, su papá y un hermano menor, al que vio nacer, por supuesto. A partir de ahí su mundo giró en torno a un cáncer cuyo tratamiento exitoso le permitió seguir bajo el amor de su familia un tiempo adicional. En su remisión, un segundo cáncer (diferente e intratable) apareció y solo le dio 4 meses más de vida después del diagnóstico.

Verónica ha sido una madre que ha crecido en fortaleza para seguir siendo esposa y madre de su otro hijo. Pero en el camino llora, pide soledad, grita la falta de apoyo a los niños con cáncer y educa a miles de padres haciendo pública su travesía.

Pasó de sentir que no podría seguir viviendo a vivir con el duelo, a comprender que todos en casa lo viven de forma diferente, a permitirse llorar cuando lo necesita y a pedir su espacio cuando requiere callar. Decidió recurrir a especialistas que la medicaron, pero al darse cuenta de que no podía depender de una pastilla decidió afianzarse en soluciones como la aromaterapia.

Historias como las de Beatriz, Olga, Viana, Verónica y la mía no son únicas. Otro aspecto en común es que todas aprendimos a encontrar un propósito en la vida más allá del dolor, nos reconciliamos con la fe y tuvimos la voluntad de levantarnos.

Si eres alguna de ellas no tengas dudas de contar lo que te ha pasado. Contarlo posiblemente te hará sanar porque existe una terapia en soltar y compartir para repartir las cargas.

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Jeralí Giménez

Lic. en Comunicación Social. MBA en Mercadeo. CEO de Link BTL. Disfruto de leer y escribir. Soy madre y esposa agradecida con la vida. jgimenez@lanoticia.com