Muchas veces las cosas que nos están afectando, aquello que queremos arreglar pero no podemos, son cosas y situaciones que nosotros mismos hemos creado. Lo más grave es que en muchas ocaciones no queremos vernos como responsables de nuestros problemas.

Hace unos días mientras me sentaba al escritorio para trabajar, comencé a notar que una hormiga se paseaba por el escritorio. “Bueno, tenemos un problema de hormigas, le voy a decir a mi esposo que fumigue. Puede ser que por el verano las hormigas hayan salido”, pensé.

El problema se fue agrandando, pues más hormigas venían, pensé que algo atraía a las hormigas, pero no podía ver qué era.

Una mañana llegó mi nietecita Alana, se paró a mi lado donde estaba trabajando e inmediatamente notó el problema de las hormigas. “Mamá, tienes hormigas en el escritorio”, dijo, le contesté que si y que no sabía de donde venían. “Ya le dije a tu abuelo que vamos a tener que fumigar”.

La pequeña miró con atención un caramelo de menta que estaba medio abierto al lado del teléfono, y dijo, “mamá mira la menta está llena de hormigas”. Dirigí mi mirada hacia el indefenso caramelo que aun medio cerrado estaba invadido de las molestosas hormigas.

“¡No puede ser!”, dije, “¡cómo es que esa menta llegó allí!” Pregunte, “¿quién puso esa menta ahí?”. Mi nieta respondió “tu eres la única persona que come mentas en casa”.

Me dio mucha gracia, claro, de vez en cuando me como una menta, sin embargo no quería ser culpable, esperaba que otro fuera el causante de esta molestia. Le pedí a la niña que me trajera una bolsita de plástico y allí depositamos la menta cubierta por las hormigas y se terminó el problema.

La solución al problema estaba más cerca mí de lo que yo me imaginaba, pero no podía encontrar la raíz del problema; tuvo que ser necesaria la mirada de otros ojos, pues los míos estaban cerrados.

De esta experiencia aprendí que muchos de los problemas que tenemos o que están invadiendo nuestros hogares, hijos, pareja y demás, han sido creados por nosotros mismos, y luego como yo, buscamos un culpable.

No fui vigilante de mis propias acciones. Podía haber evitado este molestoso problema si comía la menta por completo, o poniéndola en la basura.

Entendí que todo problema tiene su origen, un punto de partida, que la mayoría de los problemas los creamos nosotros mismos, ya sea consiente o inconscientemente, y que la solución a nuestros problemas está más cerca de lo que pensamos y vemos.

Es importante que cuando tengas un problema invites a otros, a quienes respetas y que sabes que te quieren, a que te den su perspectiva y juntos busquen una solución. Quizás ellos puedan ver mejor tu situación y encontrar la solución junto contigo; incluso puedes hablar con tu pastor, psicólogo, doctor, o cualquier otra persona que te pueda ayudar.

Nunca te olvides de que Dios te ama y que Él es el más interesado a que tu resuelvas tus problemas; por eso sigue orando y acercándote a Dios para que Él te de una salida, y recuerda que todo problema en la vida tiene su solución.

Maudia Meléndez

Por tres décadas ha servido en su ministerio pastoral y en la organización Jesus Ministry. Presidenta de la Federación de Iglesias Cristianas. Autora del libro: El encuentro que me transformó

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