Cierre de las escuelas crea retos y estrés para los padres, de diferentes manerasPin
Algunas madres que trabajan en el Bright Future Learning Center en el oeste de Charlotte dependen del apoyo de sus familias, o todavía tienen dificultad de encontrar cuidado infantil para sus propios hijos, antes de que comience el aprendizaje a distancia el próximo mes. Michelle Norman (izquierda), madre de cinco hijos, está más preocupada por su hijo de 12 años, quien sufre de parálisis cerebral.

En una espaciosa casa club de un vecindario en Ballantyne, unos 40 padres se reúnen un domingo por la tarde para hablar sobre el inminente inicio del año escolar y la educación en línea, tras el cierre de las escuelas.

Los asistentes, en su mayoría madres, algunos con vestidos de verano, otros con ropa de ejercicio, y otros recién salidos de la piscina, están presentes porque fueron invitado por Karen Mullane, maestra de kindergarten y madre de dos hijos. Ella es residente de la comunidad de Bridgehampton, que cuenta con alrededor de 550 hogares, los cuales están ubicados en la frontera estatal entre Carolina del Norte y Carolina del Sur.

Mullane pide que los asistentes se dividan en grupos: Puede ser beneficioso para aquellos de nosotros que tengamos una formación en educación o experiencia en algún área de estudio, ya sea que su especialización fuera inglés o cálculo, solo para ayudar uno al otro y para ayudar a desarrollar lo que yo llamo micro-aulas.

Además de enfocarse en las actividades académicas, los vecinos deberían tratar de animar a todos a que socialicen mientras aprenden, dice Mullane. Creo que ese componente emocional es muy, muy importante para nuestros hijos, y nos falta mucho en este momento.

Como sociedad, hemos tenido mucho que enfrentar en el transcurso de la pandemia, por sus constantes cambios, y el desafío más reciente puede ser el más decisivo hasta la fecha: cómo educar a nuestros hijos en un momento en que la mayoría de los estudiantes han quedado fuera del aula.

Si conduce desde Bridgehampton unas 18 millas al oeste, hacia Wilkinson Boulevard en la zona oeste de Charlotte, y el diálogo sobre cómo ayudar a los hijos es muy distinto.

Allí a muchos padres les inquietan cosas más básicas, y preocuparse por la socialización de sus hijos sería considerado como un lujo. Sin programas de ayuda social que proporcionen dinero, conexión a internet, y amplias redes comunitarias, no se puede garantizar que los estudiantes se mantengan al corriente de sus estudios.

Gloria Dukes opera una guardería, un campamento de verano, y un programa extracurricular que atiende a familias de bajos recursos, que reciben subsidios gubernamentales para el cuidado de niños. Cada día ella recibe llamadas de padres quienes necesitan que el campamento se mantenga abierto una vez que comience la escuela, para que haya alguien que pueda cuidar a sus hijos en edad escolar, mientras sus padres están en el trabajo.

El miércoles, Dukes recibió un correo electrónico del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Carolina del Norte (NCDHHS por su sigla en inglés), preguntándole si sería posible que ella mantenga abierto a tiempo completo Bright Future Learning Center durante el año escolar, para niños del kindergarten hasta los 13 años que participarán en el programa de educación a distancia.

Ella sabe que la necesidad existe, y está haciendo todo lo posible para convertir este requerimiento en realidad.

Dukes está contratando conductores de autobuses y asistentes de maestros de CMS quienes estarán sin trabajo cuando las escuelas de Charlotte-Mecklenburg cambien completamente a la modalidad de aprendizaje a distancia el . Serán encargados del cuidado de hasta 64 niños en la Iglesia Moore’s Sanctuary African Methodist Episcopal Zion, donde se llevan a cabo los campamentos de verano y un programa extracurricular, los cuales manejan Dukes. Ella ya está elaborando un plan para transformar las aulas vacías de la iglesia en laboratorios de computación.

Estos padres están estresados porque ¿a dónde van a ir? comenta Dukes, mientras está en su guardería en la mañana. Si se quedan en casa, significaría a que digan: Tengo que renunciar a mi trabajo y ya tengo ingresos fijos. Pero la realidad es que no puedo renunciar a mi trabajo. Necesito pagar la renta y darles comida a mis hijos. Este será un dilema para ellos.

Disparidades amplificadas

En Charlotte, siempre han existido las disparidades sociales y económicas. Pero estas disparidades podrían aumentarse, debido a la decisión anunciada la semana pasada de las escuelas de Charlotte-Mecklenburg (CMS), que mantendrán cerradas las aulas escolares por el COVID-19.

En junio, se realizó una investigación que examinó los efectos de las dispares en el aprendizaje virtual, por Raj Chetty de la Universidad de Harvard. (Chetty también publicó un estudio bien conocido en el en el cual se clasificó a Charlotte en el lugar 50, entre las 50 ciudades más grandes del país, en cuanto a movilidad socioeconómica.) Su investigación más reciente (del mes pasado) ofreció una perspectiva desalentadora:

Es posible que COVID-19 reduzca la movilidad social y termine amplificando la desigualdad al tener, sobre todo, efectos negativos en el desarrollo del capital humano para los niños de bajos ingresos.

Esta semana los Centros para el control y la prevención de enfermedades (CDC por su sigla en inglés) publicó sus consejos sobre la reapertura de las escuelas. Se citó el estudio de Chetty y advirtió de los peligros de mantener las escuelas cerradas: Las disparidades en cuanto a los resultados educativos causados por el cierre de las escuelas son una preocupación seria para los estudiantes de minorías y de bajos recursos, además de los estudiantes con discapacidades… Las continuas brechas de logros académicos que ya existían antes de COVID-19, como las disparidades entre los niveles de ingresos y las razas, pueden empeorarse y hacer daños que son graves y difíciles de reparar, con relación a los resultados educativos de los niños.

En las zonas más ricas de Charlotte, los maestros certificados con títulos avanzados se están contratando en familias individuales. Empresarios están ampliando sus compañías dedicadas al aprendizaje, ofreciendo a los padres acceso de conserjería a maestros especializados a precios que no son accesibles para las personas de bajos ingresos.

Para las familias que tienen dificultades económicas, grupos comunitarios como los Boys & Girls Clubs del Salvation Army están ofreciendo cuidado de niños a precio reducido o gratuito. Pero los defensores de los niños dicen que no habrá suficientes puestos disponibles para todas las familias que los necesiten.

Ningún plan

El resultado es que muchos niños estarán solos en casa con conexiones a Internet de mala calidad, y la falta de supervisión de los padres, quienes tienen que presentarse a sus puestos de trabajo esenciales. Los funcionarios del condado o de las escuelas no han implementado ningún plan significativo sobre cómo ayudar a las familias que enfrentan una crisis de cuidado infantil.

Las disparidades en el acceso a internet también son notables. Un mapa del Censo que muestra la conectividad al Internet por sector, tiene un patrón en común, en forma de cuchara y de media luna, con la zona rica del sur de Charlotte, donde casi todas las casas están conectadas, mientras que algunas personas en otras zonas tienen conexiones poco fiables. En un sector del Censo al norte del centro de la ciudad, entre Beatties Ford Road y la I-77, el 48 de los hogares carecían del servicio de internet.

Pat Millen es fundadora y presidenta de E2D (Eliminate the Digital Divide), una organización sin fines de lucro con sede en Charlotte que dona computadoras a las familias necesitadas. Millen dijo que un lado positivo de la pandemia es que más personas son conscientes del hecho de que grandes zonas de Charlotte carecen de acceso al internet.

Muchas personas me han comentado: ¡Dios mío! La brecha digital está fuera de control con respecto al coronavirus, aseguró, y les digo ‘No ha crecido en lo absoluto, solo es que nosotros ya somos más conscientes de ello, porque vemos el impacto desigual que ocurre cuando uno no tiene acceso.

El Sur del Charlotte: micro-aulas, escuelas privadas

En la reunión del domingo en Bridgehampton, Kristie Wagar, madre de dos hijos (un estudiante de kindergarten, y otro del cuarto grado), se conectó con otros padres de niños que están por empezar kindergarten. Dentro de pocos días, ella y otras tres familias habían organizado una micro-aula, que rotarán entre sus casas y que tendrá lugar dos días a la semana.

Además, contrataron a un maestro, quien estaba desempleado, quien viajará a sus hogares y se quedará de 9:00 a.m. a 3:00 p.m. para supervisar las actividades y el aprendizaje en línea. Los otros tres días de la semana, su hijo de kindergarten asistirá al centro de cuidado infantil Leaf Spring, que se está expandiendo para ofrecer atención a niños mayores quienes están aprendiendo a distancia.

Wagar y su esposo trabajan a tiempo completo, ella en bienes raíces comerciales y él en atención médica. Ambos trabajarán desde casa en el futuro próximo, pero estamos, literalmente, en llamadas y reuniones todo el día, desde las 8:00 a.m. hasta las 5:00 p.m..

Padres cambian escuelas privada

Mullane, quien convocó la reunión y quien es maestra de kindergarten en una escuela de CMS, está sacando a sus propios hijos de la escuela pública este año y los está enviando a la Escuela Católica St. Matthew, que va a ofrecer enseñanza presencial todos los días durante este otoño.

Sus hijos, quienes están por empezar el cuarto y el quinto grado, han asistido a la escuela Harrisburg Elementary, ubicada cerca de la frontera, en el lado de Carolina del Sur. (La familia vive en la parte del vecindario Bridgehampton que está en Carolina del Sur.) Mullane y su esposo habían considerado durante años la idea de matricular a sus niños en una escuela católica, pero la primavera pasada fue la gota que colmó el vaso.

Después del desastre del año pasado, siento que mis hijos se están perdiendo lo básico, dijo Mullane. Se dice que el 70 de su conocimiento básico proviene del cuarto grado, y mi niño en cuarto grado no lo recibió. Una maestra dio una clase de Zoom desde su cama, dijo Mullane. Un día, jugaron verdad o desafío. Hicieron el juego dos verdades y una mentira. No se enseñó nada.

El oeste de Charlotte: ¿Quién cuidará a los niños?

En los centros de cuidado infantil de Gloria Dukes, en el lado oeste de la ciudad, los padres de los niños que cuidan allí no son los únicos con estrés, también el personal está estresado y desgastado.

Keshia McKinley, especialista alimentaria que está a cargo de la comida y los snacks en la guardería, planea llevar a su hijo de tercer grado a la casa de su hermana en Mooresville todos los días, para que supervise el aprendizaje en línea cuando comience la escuela.

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Gloria Dukes opera una guardería, un campamento de verano, y un programa extracurricular en la zona oeste de Charlotte que atiende a familias de bajos recursos quienes reciben subsidios gubernamentales para el cuidado de niños. Cada día ella recibe llamadas de padres quienes necesitan que el campamento se mantenga abierto una vez que comience la escuela, para que haya alguien que pueda cuidar a sus hijos de edad escolar, mientras los padres están trabajando

La maestra de guardería Michelle Norman tiene cuatro hijas, que tienen entre 7 y 13 años de edad, además de una hija en la universidad. La madre todavía está tratando de encontrar a alguien que supervise el aprendizaje de sus hijos, mientras trabaja en la guardería y su esposo trabaja a tiempo completo en los Servicios Sociales.

Norman dice que para ella, lo que no le deja dormir son las preocupaciones sobre su hija de 12 años, Nyasia, quien ingresa al séptimo grado y tiene parálisis cerebral. La primavera pasada, el cambio abrupto al aprendizaje virtual, y la falta de un horario escolar constante, causaron que Nyasia cayera en depresión.

Nyasia necesita ayuda constante en la escuela para retener información, y Norman ha estado buscando un tutor o un estudiante de la escuela secundaria que pueda venir y ayudarla. Hasta ahora no ha encontrado a nadie.

El asunto de cómo pagaría por un tutor o una niñera también es un problema, pero creo que lo solucionaré cuando llegue el momento.

Recientemente, una estudiante de la escuela secundaria, quien es la hija de su compañero de trabajo en la guardería, se ofreció a pasar por la casa de Norman en los días escolares para cuidar a sus hijos, si todo lo demás falla. Norman duda en aceptar la oferta del adolescente, pues se da cuenta de que la estudiante ya debe estará muy ocupada con sus propias tareas.

Se resuelve un problema, dijo, y de pronto surge otro problema.

Usted puede encontrar la versión en inglés de esta historia aquí. Para contactar a la editora Cristina Bolling escriba a: cristina@cltledger.com

Este artículo fue producido por The Charlotte Ledger, como parte de unzen colaboración con los socios de los medios locales WFAE, Qcitymetro, y La Noticia para cubrir los efectos económicos del coronavirus en las comunidades minoritarias en Charlotte. El esfuerzo está financiado en parte por el Facebook Journalism Project.

Cristina Bolling

Periodista de origen cubano, es editora de The Charlotte Ledger, una newsletter con noticias de Charlotte que sale cuatro veces a la semana. cristina@cltledger.com

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