Estudio tras estudio ha demostrado que la población inmigrante generalmente no contribuye a un aumento de la criminalidad en una comunidad, sin embargo, no podemos cerrar los ojos ante una realidad: algunos inmigrantes cometen delitos y no están siendo denunciados. Esto perjudica a toda nuestra comunidad de múltiples maneras.

Oficiales de la Oficina del Alguacil del Condado de Wake informaron que una joven de 15 años se dirigía hacia la parada del autobús escolar, cuando fue interceptada por Víctor Emandes Ramírez, de 33 años de edad, quien la sujetó por detrás, la metió en su automóvil y la llevó a un cobertizo detrás de su casa móvil en donde la violó, según el reporte policial.

El inmigrante, quien no hablaba inglés, luego puso a la adolescente en su automóvil y la llevó a su escuela. En el camino habría usado el Traductor de Google de su teléfono celular para comunicarse con la víctima, diciéndole que era bonita, que quería ser su amigo y que no le diga nada de lo sucedido a su familia.

Agentes del Alguacil del Condado de Wake utilizaron imágenes de vigilancia de la escuela para identificar el auto del sospechoso, y más tarde arrestaron a Emandes Ramírez, sobre quien pesan cargos de secuestro en primer grado, violación a una menor de 15 años, y delito sexual forzado contra una menor de 15 años. Se impuso una fianza de un millón de dólares para el inmigrante, quien tiene prevista su audiencia ante la corte a finales de .

Esta niña sufrió un cruel ataque que le dejará secuelas a lo largo de los años, pero lejos de sumirse en el dolor, la vergüenza o el miedo, decidió no quedarse callada y denunció a su atacante. Tristemente este no siempre es el caso cuando ocurren delitos de esta naturaleza.

Lamentablemente hemos escuchado de dolorosos dramas humanos en medio de nuestra comunidad en donde, por temor al agresor, por miedo a que las autoridades migratorias intervengan, o porque el atacante es un familiar, no se denuncia al depredador sexual. Esto nos perjudica a todos. Un criminal suelto por las calles, aunque sea de nuestra propia comunidad o aunque sea un familiar cercano, significa que en algún momento encontrará a otra víctima. ¿Seremos cómplices de esto?

También hemos escuchado de personas que se lamentan de que en cierta casa de su vecindario es sabido que se vende droga, pero los lamentos no se convierten en denuncias y el problema del narcotráfico sigue creciendo en ese sector con el paso de los días, hasta que la tragedia llama a la puerta.

Lamentablemente también es frecuente encontrarse con historias de personas que fueron a una fiesta o reunión familiar, bebieron más de la cuenta y ante la impávida mirada de todos los asistentes toman las llaves de su vehículo y se disponen a manejar. Por allí se escucha a alguien preguntar retóricamente al alcoholizado: ¿Estás bien? ¿Puedes manejar? Y hasta allí llega cualquier intento por detener una tragedia en potencia.

Si usted conoce a alguien que está cometiendo alguna actividad criminal, si sabe que una persona se puede convertir en un potencial peligro para los demás, no se haga de la vista gorda, no guarde silencio, denuncie a los criminales, vengan de donde vengan.

Diego Barahona A.

Periodista, editor, asesor, y presentador. De 2016 a 2019 el periodista más galardonado en Estados Unidos por los Premios José Martí. Autor del best seller: ¿Cómo leer a las personas? dbarahona@lanoticia.com

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