Es difícil no sentir cierta preocupación al mirar una serie de disturbios que se están desarrollando en varios países del mundo. En esta ocasión nos limitaremos a analizar tres incidentes violentos ocurridos en América Latina en la última semana, y cómo los gobiernos de estos países sentaron un peligroso precedente.

El gobierno ecuatoriano se vio forzado a tomar varias medias económicas para cubrir su déficit fiscal, y cumplir con las condiciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) para recibir un préstamo. La medida que despertó mayor descontento popular fue la eliminación de los subsidios a los combustibles. La gasolina subió un 30 y el diésel (usado principalmente por camiones, y autobuses, etc) recibió un incremento del 123.

Por 11 días se realizaron intensas jornadas de protesta, el movimiento indígena se tomó la capital, Quito, y lo que comenzó como marchas pacíficas se salió de control derivando en saqueos a locales comerciales, destrucción de propiedad pública y privada, así como el incendio de un cuartel de policía y del edificio de la Contraloría. Finalmente el gobierno cedió y dio marcha atrás a las medidas económicas.

En Chile, al igual que en Ecuador, el gobierno anunció medicas económicas, sin haber consultado o negociado previamente con sectores sociales, entre ellas el alza al pasaje del sistema de transporte público. Esto devino en protestas en Santiago, Rancagua, Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Viña del Mar, Talca, Concepción, Coliumo y varias otras ciudades. Igualmente las protestas se salieron de control y se incendió un edificio en Santiago, se destruyeron estaciones del metro, hubo saqueos, incluso el incendio de un supermercado, el cual dejó varios muertos.

En Chile, al igual que en Ecuador, se decretó un estado de emergencia, pero al final el gobierno cedió y dio marcha atrás a las medidas económicas.

Por otro lado en Culiacán, México, 30 soldados y policías antinarcóticos localizaron a Ovidio Guzmán, uno de los hijos del narcotraficante El Chapo Guzmán heredero de su organización criminal. Grupos armados se levantaron por toda la ciudad y comenzaron a generar un aterrador caos. Se incendiaron vehículos, se dieron numerosas balaceras, algunas con armas de grueso calibre, la ciudad estaba secuestrada. Finalmente el gobierno cedió ante las demandas de los narcos y dio marcha atrás al arresto de Ovidio Guzmán dejándolo en libertad.

Debemos aclarar que a diferencia del incidente en México, lo ocurrido en Ecuador y Chile comenzó como protestas sociales, las cuales dentro de una sociedad democrática son válidas. Pero cuando entre los manifestantes se infiltran o toman control antisociales que provocan destrucción, caos y muerte, esto degenera en un acto criminal.

El problema radica en que los gobiernos de estos tres países no supieron actuar proactivamente, simplemente reaccionaron demasiado tarde, cuando la violencia se impuso sobre la ley. No estamos sugiriendo mayor represión policial, sino que lamentamos la falta de visión para atender efectiva y oportunamente los problemas que aquejan a sus comunidades.

Ceder ante la violencia tristemente establece un peligroso precedente, pues da licencia a que un próximo grupo violento que siembre el caos obligue al gobierno a atender sus demandas. No se establece la paz a punta de represión, sino prestando oído a las inquietudes del pueblo, atendiendo sus necesidades, integrándolos al dialogo, trabajando con el pueblo, no con grupos criminales.

Diego Barahona A.

Periodista, editor, asesor, y presentador. De 2016 a 2019 el periodista más galardonado en Estados Unidos por los Premios José Martí. Autor del best seller: ¿Cómo leer a las personas? dbarahona@lanoticia.com

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