Yom Kippur es la celebración judía más solemne y tiene una lección valiosa para todos, incluso si no practican la religión judía.

La fiesta también es conocida como "Día de la Expiación" y se celebra diez días después del inicio del Año Nuevo Judío (Rosh Hashanah).

Los rituales del Yom Kippur tienen como finalidad purificar a las personas, permitiéndoles abrirse a un nuevo año sin las impurezas que obstaculizan su relación con Dios y con sus semejantes.

Por eso, el Yom Kippur es una fiesta asociada al perdón. Su significado implica que hay una nueva oportunidad, si primero ocurre una purificación.

Esa es la razón de que se haga una limpieza, mediante ofrendas reparadoras. En el texto del Levítico se establecía un ritual relacionado al Yom Kippur en el que se ofrecían dos machos cabríos para expiar las impurezas del pueblo judío.

Esos errores se han llamado tradicionalmente con el nombre de pecados, realmente implican una falta de amor perdonable mediante una limpieza.

El Yom Kippur sostiene que es posible liberarse de la huella dejada por las faltas de amor dando algo a cambio para empezar desde cero y abrirse a una nueva oportunidad interior.

Qué significa el Yom Kippur y qué lección aprendemos de él
Personas en el muro de los lamentos, Jerusalén. (© danflcreativo / Adobe Stock)

Por eso uno de los machos cabríos era sacrificado y su sangre era usada para limpiar el sagrado templo de los errores del pueblo, de modo que se pudiera iniciar un ciclo nuevo sin consecuencias del pasado.

Los judíos practican un largo ayuno de 26 horas durante Yom Kippur como parte del ritual del día. Otros siguen las ortodoxas doctrinas de sacrificios animales y algunos prefieren donar dinero como símbolo de compensación a cambio de los errores cometidos.

Esas prácticas, observadas sin juicios, encierran todas el mismo significado: todos tienen derecho a la purificación y la liberación de sus errores, solo es cuestión de tomar una decisión.

Además, inducen al acto positivo de ofrecer algo en reparación de las obras equivocadas cometidas. Esa ofrenda permite compensar el daño hecho, ofreciendo amor en lugar de resentimientos.

Otro símbolo del Yom Kippur es el del segundo macho cabrío, que es enviado al desierto con el resto de las faltas de amor. El desierto, asociado al demonio, recibe lo que es igual a él. Las faltas de amor vuelven a su origen.

Ese desprendimiento puede practicarse escribiendo los recuerdos dolorosos en papeles, donde se drenen los episodios de culpas, las memorias de miedo y puedan al final ser quemadas y sus cenizas esparcidas al viento, donde puedan irse sin vuelta atrás.

El shofar es el instrumento de viento con forma de cuerno que se toca para anunciar el fin del Yom Kippur. Su sonido acompaña la sensación de paz dejada tras la experiencia del perdón.

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José Cordero

Licenciado en Comunicación Social y Magíster Scientiae en Literatura Latinoamericana. jcordero@lanoticia.com

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