Algunas escuelas iniciaron sus actividades académicas, otras están a punto de comenzar y con ellos una nueva generación de estudiantes estará formándose para el futuro. Esta etapa crítica de la infancia puede marcar el destino de un niño, el de su familia y en última instancia el de la sociedad. Esta gran responsabilidad no puede recaer exclusivamente en los sistemas escolares, son los hogares los llamados a formar en valores y principios a los niños. El comportamiento de sus hijos en la escuela (y en la vida) dependerá en mayor grado de usted que de los maestros.

En las aulas se hablará de ciencias, de matemáticas, de historia y todo eso es muy bueno, pero ¿quién les enseñará a los niños a ser honestos, a respetar a sus maestros, a vencer los obstáculos? Las matemáticas y la historia son muy importantes para el desarrollo académico de los niños y jóvenes, pero los valores serán la brújula que los guíe al éxito o al fracaso.

Los valores no se enseñan. Los valores los descubren los hijos a través del ejemplo de los padres.

Es frecuente encontrarse con padres de familia que se quejan de la escuela, o los maestros pero es menos frecuente encontrar padres realmente involucrados con la educación de sus hijos.

Tristemente el sistema imperante en algunas escuelas a lo largo de Carolina del Norte aun no permite que los padres de familia que son indocumentados puedan participar como voluntarios en los centros educativos, pese a este limitante, existen otras formas como un padre inmigrante se puede involucrar.

Valores como la gratitud, la responsabilidad, la confianza, la honestidad, la solidaridad, o la constancia forjarán personas de bien, en cualquier área de trabajo que se desenvuelvan en el futuro. Si sus hijos ven que usted es una persona que se preocupa genuinamente por ellos, que es afectuoso, trabajador, puntual, que no huye de los problemas sino que los enfrenta, crecerán con esta imagen, y esto en el futuro les dará herramientas para superar las dificultades en su camino al éxito.

En contraste, si sus hijos ven que usted es indiferente, que toma atajos en la vida, que hace promesas que no cumple o que miente cada vez que quiere evitar un problema, de la misma manera esos niños se convertirán en adultos que probablemente repetirán este comportamiento, lo que los llevará a una enredada espiral de problemas en la vida.
Nunca es tarde para enmendar errores, usted puede adoptar un cambio de actitud y actuar de la manera como quisiera que sus hijos actuasen cuando crezcan.

En psicología y pedagogía existe un fenómeno llamado el efecto Pigmalión, en honor al personaje mitológico, que en resumen describe cómo la creencia que tiene una persona puede influir en el rendimiento de otra persona. Veamos un caso práctico.

Si usted solamente señala los defectos de su hijo y le regaña constantemente diciéndole que es un perezoso o que es tonto, el pequeño crecerá con la idea de que quizás si tiene un problema y realmente es perezoso o tonto. Existe una alta probabilidad de que se acentúen esos defectos en el futuro. Por el contrario, si usted le dice a su hijo constantemente que es inteligente o que es muy valioso, con el tiempo este mensaje le ayudará a sentirse más seguro de si mismo.

La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón (Howard G. Hendricks).

Diego Barahona A.

Periodista, editor, asesor, y presentador. De 2016 a 2019 el periodista más galardonado en Estados Unidos por los Premios José Martí. Autor del best seller: ¿Cómo leer a las personas? dbarahona@lanoticia.com

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