La doctora Ana Margarita Cebollero, obtuvo su título en el estado de Michigan en 1990 y su licencia para ejercer su carrera en psicología en Carolina del Norte en octubre del 2009. Ella es sobreviviente de cáncer y aunque su salud fue difícil hace algún tiempo, a sus 81 años sigue ofreciendo apoyo a las familias del condado de Henderson desde hace casi ocho años. La Noticia habló con esta extraordinaria mujer, quien nos cuenta con sus propias palabras su historia.

Mujeres modelo

Nací en la ciudad de Ponce en Puerto Rico. Soy la sexta de siete hijos que tuvo mi padre como fruto de dos matrimonios. Dentro de nuestra familia nunca hubo un trato diferente entre mis hermanos.

A pesar de la muerte de mi madre a consecuencia de cáncer; siempre estuve rodeada de mujeres que fueron muy importante para mí en mi juventud: mis tías. Ellas fueron a la universidad, y en esa época (la década de los años 1950) casi todas las mujeres eran secretarias o maestras. Tuve el ejemplo de mujeres universitarias y preparadas, pienso sin duda, que ellas cultivaron en mí el deseo de estudiar.

Si te vas a casar ¿para qué estudias medicina?”

Comencé estudiando medicina en la universidad, y mientras lo hacía conocí una persona de la que me enamoré.

En esa época, las mujeres se casaban a los 19 años ¡si no era mal visto! Mi padre, pensando en eso, me dijo: “Si te vas a casar, ¿para qué estudias medicina?” Me enojé tanto que dejé la medicina y cambié a secretariado, en ese entonces era lo más normal estudiar esa carrera. Debo decir que tampoco me casé pronto.

De ama de casa a doctora

Cuando me casé y tuve mi primer hijo, mi esposo y yo decidimos que me quedaría en casa para cuidar de él. No trabajé más fuera de casa por casi 15 años.

Mi esposo Mario y yo habíamos hecho una promesa de que yo regresaría a la universidad en cuanto pudiera hacerlo, y así lo hicimos. Cuando mi hija menor ya estaba más grandecita, a mis 39 años, regresé a la universidad y retomé mi sueño de estudiar medicina.

Atravesaba por grandes retos en ese entonces. Yo tenía cuatro hijos, Mario Ricardo, Alberto Luis, Adrián y María Eugenia que necesitaban de mi cuidado.

Para no faltar a clases, yo llevaba a mi hija menor conmigo cuando no tenía quien me la cuidara. Así que, con esta modalidad no solo terminé la universidad, si no también pude lograr hacer una maestría.

Pasaba la mayor parte de mi día estudiando, lo que de alguna manera ocasionó algunos problemas en mi matrimonio, y aunque fuimos a terapia de pareja, no pudimos arreglar nuestra situación.

El día que terminé mi maestría, decidí mudarme con mis hijos y comenzó mi primer trabajo de psicóloga en una escuela de medicina.

Alcanzando sueños en Estados Unidos

Cuando mis hijos más grandes se mudaron para Estados Unidos a estudiar, yo decidí que quería continuar con un doctorado, pedí información y envié solicitudes a más de 20 universidades.

Logré que me dieran una beca en Michigan, en donde me pagaban por mis estudios y la vivienda era a muy bajo costo.

Mi mejor experiencia sin duda ha sido cuando trabajé en el Hospital de Niños en Boston, atendiendo a pequeños con diferentes enfermedades. Así, tuve la oportunidad de ayudar a niños que llegaban de diferentes países latinoamericanos.

Retos y esperanzas

Muchas de las mujeres que conozco piensan que para estudiar ya tienen que ser muy inteligentes y yo no lo creo así. Pienso que para estudiar y lograr tus metas educativas, sólo tienes que esforzarte mucho.

La situación actual con respecto a inmigración complica mucho la estabilidad emocional de las familias, especialmente con los hijos aquí en las montañas de Carolina del Norte.

He notado que los niños, a pesar de ser tan pequeños, entre ellos están creando sus propios planes de emergencia en caso de deportación, lo cual si bien es importante, es muy triste.

En este momento, le estoy dando más importancia a trabajar con los padres sobre temas relacionados con la paternidad, para mejorar sus habilidades como padres.

También quiero trabajar más con las mujeres en su desarrollo personal, en fortalecer sus voces, y sanar sus traumas emocionales. Pienso que el trabajar y tener que tomar clases y prepararme cada noche para el otro día es lo que me ha mantenido sana en cuerpo y alma, como se dice en Puerto Rico.

Si quiere compartir su historia de superación, comuníquese con Evelyn Alarcón llamando al teléfono: 828-290-7134. También puede visitar la organización El Centro en 508 North Grove St. Hendersonville, NC 28792

Adicionalmente los puede encontrar en Facebook digitando: El Centro Henderson County.

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