Como comunidad generalmente exijamos muchas cosas, pero ¿cuán dispuestos estamos a portar? Decimos que contribuimos con nuestro trabajo, o con el pago de nuestros impuestos, y eso está muy bien, pero ¿qué acciones hemos tomado para mejorar la ciudad en la que vivimos?

Muchos hemos manifestado apatía a la hora de involucrarnos en el proceso de toma de decisiones que nos pueden afectar como sociedad. Pregúntese: ¿Cuándo fue la última vez que usted participó en una actividad en beneficio de su comunidad?, ¿cuándo fue la última vez que asistió a una reunión con su representante del Concejo de su Ciudad?

Hace un tiempo tuve la oportunidad de dialogar con una miembro del Concejo de la Ciudad de Charlotte, quien me preguntó: ¿cómo puedo lograr que los latinos se involucren con el gobierno local? He organizado varias reuniones comunitarias para discutir políticas que les afectarán, pero hay muy poca participación de los latinos.

Mi primera repuesta a esa inquietud fue disculpar la ausencia de la comunidad con la excusa del miedo. Le dije que muchos inmigrantes, especialmente los indocumentados, tienen cierto temor de salir. Ante esto la Concejal me respondió: es posible que eso ocurra, sin embargo me sorprendo al ver la gran cantidad de latinos que acuden sin ningún temor a los clubes nocturnos cada semana. Estas palabras encerraban cierta dosis de dolorosa verdad.

James Q. Wilson y George L. Kelling propusieron una revolucionaria y simple teoría llamada la ventana rota, que básicamente plantea que si tomamos con indiferencia los problemas sociales que nos rodean, incluso los más simples, estos crecerán y afectarán a todos.

El título de la teoría viene del siguiente ejemplo: Considere una casa con una ventana rota. Si al cabo de muchos días la ventana no se repara, los vándalos tenderán a romper unas cuantas ventanas más. Finalmente quizás hasta irrumpan en la casa, y si está abandonada, es posible que sea ocupada por delincuentes.

Otro ejemplo, considere una acera o banqueta con basura en un lote vacío de un vecindario. Si nadie la limpia más basura se acumulará. Eventualmente la gente comenzará a dejar bolsas de desperdicios, y poco a poco ese lugar pasará a convertirse en un indeseable basurero público, afectando así a la imagen de todo el vecindario.

Una buena estrategia para prevenir el vandalismo, dicen los autores de la teoría, es arreglar los problemas cuando aún son pequeños. Si se reparan las ventanas rotas en un período corto, menor será la tendencia de que los vándalos rompan más ventanas o hagan más daños. Lo mismo sucederá con la limpieza de las calles.

Esta teoría se llevó a la práctica con mucho éxito en ciudades como Nueva York, o Albuquerque (Nuevo México) en donde simples actos de cooperación y orden ayudaron a reducir el crimen.

Es muy importante que usted se involucre con su comunidad. Participe con su familia y con su iglesia en actividades que contribuyan a mejorar el entorno en el que vive. Forme parte de las reuniones comunitarias del gobierno local, recuerde que la ciudad en la que vive es su hogar.

Trayendo a colación las palabras del escritor Elie Wiesel, sobreviviente de los campos de concentración en la Alemania Nazi: Lo contrario del amor no es odio, es la indiferencia. Lo contrario de la belleza no es la fealdad, es la indiferencia. Lo contrario de la fe no es herejía, es la indiferencia. Y lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia.

Diego Barahona A.

Periodista, editor, asesor, y presentador. De 2016 a 2019 el periodista más galardonado en Estados Unidos por los Premios José Martí. Autor del best seller: ¿Cómo leer a las personas? dbarahona@lanoticia.com

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