En los Padres Vicentinos asumieron la responsabilidad de la misión del Centro Católico Hispano de Charlotte. En el se construyó el actual edificio de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en la calle Tuckaseegee. El el Obispo Jugis estableció oficialmente la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe a cargo de Padres Vicentinos.

el pastor de la iglesia, Padre Vicente Finnerty, dejó Charlotte después de 24 años como párroco de Nuestra Señora de Guadalupe. El Padre Gregorio Gay es el nuevo párroco desde entonces. Los Padres Hugo Medellín y Leo Tiburcio son los vicarios parroquiales de Nuestra Señora de Guadalupe, la cual es la iglesia católica latina más grande de Carolina del Norte.

Sobre el Padre Gregorio

El Padre Gregorio comentó a La Noticia que desde joven sintió un llamado para ser misionero y se unió a la Congregación de los Padres Vicentinos. Estuvo en Panamá donde trabajó por 15 años. Fue elegido fue responsable de los Padres Vicentinos en Centroamérica, y en el fue nombrado Superior General de toda la congregación vicentina a nivel mundial (95 países) y de la Congregación de las Hijas de la Caridad, por un período de 6 años, luego fue reelegido. En el fue llamado para ayudar al Padre Vicente.

Hoy con 39 años en el sacerdocio sigue viva su vocación de trabajo con los pobres.

Además de su labor como párroco de la iglesia, que en sus diferentes misas sirve a unos 4,000 feligreses cada semana, el Padre Gregorio es capellán en la cárcel de Mecklenburg, visita dos veces a la semana a los enfermos en el hospitales, y participa en varios comités comunitarios.

Adicionalmente, con el apoyo del Padre Hugo se están involucrando en programas sociales de ayuda a la comunidad latina, incluyendo una colaboración con la Coalición de Organizaciones Latinoamericanas de Carolina del Norte.

Queremos educar a la comunidad para que sean ellos mismos quienes aboguen por sus propios intereses, que luchen por sus derechos, dijo el Padre Gregorio a La Noticia.

Necesidad espiritual

Según el párroco, la comunidad se siente bien recibida en la iglesia, lo que la convierte en un lugar acogedor. Pese a que físicamente no es una iglesia tradicional, pues operamos en un salón de usos múltiples, muchas personas prefieren venir aquí porque se sienten en casa, se sienten como dice en el letrero afuera, bienvenidos. La gente tiene muchas ganas de caminar con el Señor y de servir. La generosidad de la gente aquí es increíble, la mayoría del trabajo es realizado por voluntarios quienes están muy motivados, asegura.

Ni siquiera la incertidumbre o el temor que en muchas ocaciones ha rondado por la comunidad ha separado a los feligreses de su congregación. La gente no deja de venir, ni siquiera en momentos de crisis. Una vez alguien me preguntó si la gente no tenía miedo por todo lo que el presidente estaba diciendo y lo que está pasando, y sí, claro que tienen miedo, pero no dejan de venir a la iglesia. Toda la gente viene y participa con muchas ganas, menciona.

Los retos que tenemos es continuar integrando las diferentes comunidades porque la realidad es que existen ciertas diferencias entre nuestras culturas, igualmente buscamos seguir educando a la niñez y juventud, tenemos 1,300 estudiantes de catecismo, concluye.

Diego Barahona A.

Periodista, editor, asesor, y presentador. De 2016 a 2019 el periodista más galardonado en Estados Unidos por los Premios José Martí. Autor del best seller: ¿Cómo leer a las personas? dbarahona@lanoticia.com

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