Queridos lectores, todos nosotros sabemos que los años pasan muy rápido, esto se hizo más real para mi esposo Sammy y para mí, cuando se casó nuestra hija menor Raquel.

Los años de vida para mi esposo y para mí comenzaron en cuando contrajimos matrimonio, un año después nació nuestra primera pequeña, Abby, quien por casi diez años fue nuestra única niña; luego llegó nuestra segunda hijita, Vania, la cual también trajo muchísima alegría a nuestro hogar. Nuevamente cinco años más tarde de que naciera Vania tuvimos a nuestra pequeña Raquel, la cual llenó de alegría la casa y el corazón de todos nosotros. Aquí terminó la procreación para nosotros y la nuestra vida fue en parte criar a nuestras hijas.

Así como llegaron las hijas a nuestras vidas, una lejos de la otra, así también se nos fueron casando. Abby casi 20 años atrás, quien nos ha dado dos adorables nietecitos, Elija y Alana. No hubieron bodas por trece años hasta cuando casamos a nuestra hija Vania, y luego a nuestra hija menor Raquel.

Decidí escribir sobre mi familia porque haciendo un recorrido por el tiempo he visto que el lapso que nosotros los padres pasamos con nuestros hijos es breve. Los años de la niñez se van como un sueño y la adolescencia se termina rápido. Por eso es tan importante, que pasemos tiempo con ellos, y les demostraremos que les amamos.

El amor demostrado a nuestros hijos no puede ser solamente en comprarles los zapatos más caros o dejarlos salir al centro comercial. Amor más que nada es implementar disciplina en la vida de ellos, no maltratándolos con palos o correas que dejan marcas en el cuerpo y también en el corazón, sino que con amor y compasión, sin enojo, ni maltrato, sino para corrección.

Es importante que el hijo o la hija se sientan amados. Nunca ser el crítico de los hijos, hablando negativo de ellos, llamándole nombres tanto como gordo, tonto, no sirves para nada, o nunca vas a llegar ha ser nada. Esas palabras son como puñaladas en el corazón de los hijos que los termina llevando a la rebeldía.

La amistad con los hijos rebeldes no se busca golpeándolos, sino saliendo con ellos a comer o pasando tiempo de calidad con ellos. Hable con su hijo, tal vez su rebeldía sea una tristeza que lleva en el corazón que no se la ha comentado a nadie, y quizás se la rebele solamente a su padre o su madre a través del apoyo que ellos le den.

Mi esposo y yo terminamos esa etapa de nuestras vidas criando a nuestras hijas. Como madre les digo que Sammy y yo estamos satisfechos de haber criado a tres buenas mujeres, les dimos nuestro ejemplo, nuestro amor, dedicación, pero lo más importante de todo fue haberles dado a Cristo y darles a conocer ese amor de Dios que es más grande que cualquier otro amor.

Hoy le doy gracias a Jesús por habernos ayudado en esta jornada de ser padres por 38 años y seguir en la jornada de ser abuelos y padres de hijos adultos. Espero que ustedes también tengan una buena experiencia en la etapa de criar a sus hijos.

Maudia Meléndez

Por tres décadas ha servido en su ministerio pastoral y en la organización Jesus Ministry. Presidenta de la Federación de Iglesias Cristianas. Autora del libro: El encuentro que me transformó

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